El objetivo de la superclase global es político, no sanitario.

Las conspiraciones no son creaciones mentales: forman parte de la realpolitik del mundo. La destrucción del barco Maine en 1898 por los estadounidenses, acusando a nuestro país de haberlo hecho, es una conspiración que ha tenido éxito y les permitió arrebatarnos Filipinas, Guam, Puerto Rico y Cuba.

También lo fue la intervención de Colín Powell en la ONU en febrero del 2003, cuando enseñó supuestas armas de destrucción masiva de origen iraquí, lo que les permitió invadir y derrumbar el régimen del baazista Saddam Hussein. Como estos dos ejemplos podría citarles muchos más, por eso estos antecedentes me permiten pensar que detrás de esta supuesta estrategia sanitaria existen unos objetivos políticos.

Primero, porque el único eje de esta política sanitaria es la vacunación, dejando así totalmente de lado la prevención de la enfermedad, así como otros tratamientos que puedan existir, tales como la ivermectina o la hidroxicloroquina defendidas por un gran especialista como el Profesor Dider Raoult.

Segundo, porque si fuese una política sanitaria, sería coherente y no carecería de lógica: si tanto los vacunados como los no vacunados pueden transmitir la enfermedad, teniendo la misma carga viral los dos, tal como lo dijo el proprio Dr. Anthony Fauci, ¿por qué no se les pide una prueba PCR o antigénico tanto a unos como a los otros? ¿Acaso no se ve el efecto perverso del pasaporte sanitario que permite mediante un papelito que los vacunados crean que están protegidos y puedan juntarse entre amigos contagiando sin límites?

Por todo esto vemos que queda claro que la estrategia covidista es única y solamente política, cuando la superclase global reactiva las mismas fracturas políticas. Los estados que más resisten a la estrategia covidista en Estados Unidos son los del Sur, como Tejas o Florida, cuya orientación política es tradicionalmente conservadora.

En Italia o en Francia, los únicos que han luchado contra el pasaporte sanitario desde el principio son Fratelli d’Italia de Meloni y Les Patriotes de Florian Philippot, dos partidos muy críticos con la Unión Europea y con un programa social y protector muy desarrollado.

Por lo que respecta a España, son los patriotas de siempre los que mantienen viva la llama de un sistema social fuerte y de una nación unida, los que reclaman una sociedad sin apartheid sanitario. Nos llamarán “negacionistas”, pero nosotros sí sabemos quién hundió el Maine.

 Término inventado por el politólogo liberal progresista Olivier Duhamel para referirse – erróneamente – a Rusia como una democracia fallida, casi convertida en dictadura desde la llegada de Vladimir Putin.

El Pr. Didier Raoult es director general del hospital IHU Méditerranée Infection, virólogo y microbiologista que cuenta con varias distinciones. También fue seleccionado por Emmanuel Macron como miembro del Comité Científico para la gestión del COVID, antes de dimitir por discrepancias acerca de las políticas sanitarias necesarias.

El encargado de gestionar la pandemia en Estados Unidos.

Davy Rodríguez ( El Correo de España )