EL BELÉN

Anda la buena gente revuelta, entre la vergüenza y el asombro, el pasmo y el cabreo, con el Belén que la señora Colau ha mandado instalar en Barcelona.

Se pregunta la buena gente -la mala no se pregunta nunca nada; simplemente repite el tópico que le manda corear el dueño del hierro que lleva en el anca- qué oscuras motivaciones psicológicas, qué patológica desviación intelectual y moral es capaz de producir una tal mierda.

Se pregunta la buena gente qué tiene que decir la jerarquía eclesiástica al respecto; cómo tolera sumisamente esta burla. Se pregunta la buena gente qué incapacidad física o mental atenaza a la Iglesia, -pastores y católicos de base-, para soportar una tras otra las mayores aberraciones, las mayores insidias, los mayores insultos.

Se escandaliza, en fin, la buena gente -la mala gente no se escandaliza mas que cuando se lo manda la televisión, la prensa amarilla, la radio roja- por lo que considera un nuevo ataque a la fe, a las tradiciones, a la religión católica y, simple y llanamente, al buen gusto.

Pero, sinceramente -salvo por lo referido al buen gusto, tan ausente en esta cochiquera donde triunfa la fealdad, la chabacanería y la mugre- a mi no me escandaliza. El adefesio que ha pagado, y bien, la señora Colau no es sino el reflejo -fiel y exacto- de la Iglesia actual.

Rafael  C. Estremera ( El Correo de Madrid )