EL BLOQUEO ES EL MIEDO

No hay fronteras en la España del bloqueo, flamante nación de naciones en la que Pedro Sánchez metió ayer al PDECat, a la CUP, a las formaciones de centro-derecha y a cualquiera que sea capaz de llevarle la contraria. El infierno son los demás, dice Sánchez desde un purgatorio que se toma al asalto y en el que convive, en su caso por voluntad propia y ambición personal, con proetarras, separatistas y agentes bolivarianos.

Se le ve cómodo, autovictimizado y acorralado por esa España del bloqueo que no solo existe en su pobre y acre retórica parlamentaria, sino que se materializa en manifestaciones como las que ayer se celebraron en Madrid y Barcelona. La primera fue convocada hace varias semanas bajo el lema «Por el futuro de España unida», tenía todos los papeles en regla y mucha bandera nacional, como las que se pone Sánchez para ir de mitin y de mentira.

La segunda, improvisada, tumultuaria y consentida, terminó con el derribo de una verja del Parlamento catalán, inmejorable expresión del desbloqueo contra el que clama el líder socialista, y tenía como único argumento la defensa callejera del mismo golpismo que ahora legitima y desjudicializa el candidato a presidente. Cada una de su padre y de su madre, distantes y polares, las dos concentraciones estaban hilvanadas por el mismo hilo, el de la desconfianza que genera Pedro Sánchez, el desbloqueado.

El presidente del Gobierno es muy mal orador, carencia que ya apreció el tribunal ante el que leyó la tesis doctoral que había plagiado y que desde ayer contrarresta con el fichaje de Pablo Iglesias, de paso neutralizado como opositor, pero no inocente.

Sánchez plantea su España del bloqueo para situarse en un centro rodeado de extremos, y es ahí donde establece una deshonesta equivalencia entre los que cortan la AP-7 o echan abajo la verja del Parlament y los que sacan la bandera de España para orearla por Madrid, una enseña que no solo es símbolo de la nación que reinventa y revienta Miquel Iceta, sino una señal de socorro contra la metamorfosis de quien la iza y arría según le cuadra un 28-A o un 10-N.

Cuando Pablo Iglesias alertó ayer contra los enemigos de la coalición que lo va a hacer vicepresidente, citó a los «poderes económicos», sus «brazos mediáticos», los «togados reaccionarios» y, buen conocedor del paño del pasamontañas, las «algaradas callejeras».

La de ayer en Madrid tuvo un discutible carácter preventivo, pero su fondo no fue muy distinto al que llevó al propio PSOE a sacar a Sánchez de Ferraz o el que, más recientemente, ha puesto a los barones socialistas a interpretar, arrevistados, con picores íntimos, el número de «La pulga». La España del bloqueo no empieza y termina donde dice Sánchez, sino donde cunde el miedo que provoca. Si se mirase al espejo él mismo se quedaría bloqueado.

Jesús Lillo ( ABC )