EL BOBO ILUSTRADO

Así llamó el escritor José Antonio Gabriel y Galán, nieto del conocido poeta del mismo nombre, su penúltima novela (1986). Pensaba yo en ella al leer el manifiesto titulado Europa en llamas, a cuyo pie figuran treinta firmas de intelectuales de relumbrón reclutados y apadrinados por quien fuese a mediados de los 70 uno de esos nouveaux philosophes que los servicios de agitprop de la siempre aguerrida cultura francesa pusieron de moda en el mundo entero.

Aludo a Bernard-Henry Lévy, que anda ahora entre nosotros para promocionar el estreno de una obra de teatro y, de paso, nos tira, ceñudo, de las orejas e imparte lecciones por nadie solicitadas sobre lo que los votantes españoles deberíamos hacer en las inminentes consultas electorales. El autor de La barbarie con rostro humano -tal era el título de su primer libro, que yo, en su día, aprecié, aplaudí y divulgué- anda, como digo, por aquí prodigando en la prensa sapos, culebrinas y exabruptos dirigidos, mayormente, al partido que él considera populista, nacionalista, antisemita, euroescéptico, xenófobo y de ideología contraria al pensamiento único de la democracia liberal.

O sea: a Vox y a los millones de tontos (sic) que, según todas las encuestas, sin excluir a las del CIS (horresco referens), se disponen a votarlo. Coincide en eso con otro bobo ilustrado, y compatriota suyo, que hace cuanto puede para hipotecar el futuro en Cataluña del partido que, contra toda lógica, apoya su insensata pretensión de gobernar la alcaldía de Barcelona.

Sí, claro, hablo de Valls, otro que tal baila… ¿De quién, si no? Tengo ahora delante un titular, puesto en boca de BHL, que reza: «O la derecha española lucha a muerte contra Vox o será devorada». ¿Sabe Monsieur le Nouveau Philosophe que Santi Abascal apoya a Israel, detesta los nacionalismos, ha pasado gran parte de su vida amenazado de muerte por ellos, propone una drástica bajada fiscal (¿no es eso liberalismo?) y no tiene más arma que la de los votos conseguidos a cuerpo limpio en la contienda democrática?

Líbreme Dios de considerar bobos, en el sentido literal de la palabra, a quienes de tal modo se meten donde nadie los llama. Recurro a ella por homofonía con un acrónimo francés: bobos, con acento sobre la segunda o, llaman en el París pagano, a los bobos (bourgeois bohémes, burgueses bohemios). O sea: a quienes aquí, en román castizo, llamamos pijoprogres. Para acabar en eso -Oh, là, là!- sobraban las alforjas de la philosophie.

Fernando Dánchez Dragó ( El Mundo )