EL BOTÍN DE GUERRA CATALANISTA

No quedan ya ingenuos que ignoren que la huida hacia adelante que llevó al nacionalismo catalán moderado a convertirse de un día para otro en independentista fue un burdo intento de abrazar la impunidad. Mientras se denunciaba la matraca del expolio “de España”, las redes clientelares del nacionalismo convertían Cataluña en su botín de guerra.

Y cuando la gangrena de la corrupción empezó a supurar, la antigua Convergència se lanzó al vacío. En vano, porque el Estado de derecho es más fuerte de lo que imaginaban. La imputación del juez de la Audiencia Nacional que investiga el ‘caso del 3%’ al PDeCAT por tráfico de influencias, cohecho y blanqueo confirma que no hay escapatoria.

El magistrado tacha al PDeCAT de ser un “mero continuador” de CDC y explica que sus fundaciones actuaron como sociedades interpuestas en un entramado de cobro de comisiones ilegales a cambio de adjudicaciones. Un modus operandis que financió al nacionalismo durante 11 años.

Por más que Puigdemont y sus adláteres se envuelvan en la bandera del martirologio, de lo que huyen es de la corrupción que les salpica. En Moncloa hay un Gobierno débil, lo que permite al fugado amenazar a Sánchez con que “se acaba su periodo de gracia”. Pero la acción de la Justicia es imparable y trampantojos como el cambio de siglas no evitará que paguen quienes han metido la mano tantos años.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor