El Buitre

Con las alas extendidas,
parado en el claro cielo,
el negro buitre miraba
un cadáver sobre el suelo.

Tras dos vueltas sobre el mismo
esa ave, nada gazmoña,
plegó sus alas al viento
y bajó hacia la carroña.

Y clavó garras y pico
piel y carne desgarrando,
descoyuntando los huesos,
el cadáver devorando.

Quedó, jirones de sangre,
con el hambre ya saciada,
sobre el hedor, altanero,
cual conquista más preciada.

Y el alma impía del muerto
en el buitre se metía…
Y la ave salió volando
y, con ella, el alma mía.​

Angel Felibre

Feliz fin de semana.