Los españoles tenemos un problema a la hora de expresarnos respecto a quienes nos llegan sin haberles llamado, en la mayoría de los casos asaltando nuestras fronteras.

Digo que tenemos un problema, porque todos ellos, pese a que en la mayoría de los casos son tratados a baquetazos en sus países de origen, de repente se sienten ofendidos si expresamos cualquier opinión en contra, desde lo que entienden que es su derecho: que llegan porque sí y que hay que aceptarles porque sí.

Así, y respecto a las ofensas, bueno será advertir que el hecho de que una persona se sienta despreciada o humillada mediante palabras o acciones en muchos casos tiene que ver con quien de esta forma se siente por su susceptibilidad, sus prejuicios o sus complejos.

Siendo de esta forma que el animus vulnerandi lo percibe gratuitamente, no siendo ese el ánimo o la intención del que supuestamente ha injuriado, que lo que ha hecho es simplemente expresar una opinión o manifestar una creencia.

Cuidado entonces, porque estamos pisando un terreno sumamente resbaladizo, y es el arma  que utilizan los extranjeros o medio-extranjeros en Europa, sin advertir que los europeos tenemos derecho a no aceptarles y expresarlo, lo mismo que ellos en sus países de origen hacen sin mayor problema.

Como la cuestión que tratamos es seria y preocupante, demos algunos datos publicados y conocidos. A saber.

España, con más de un 13 % de población extranjera, ya es bastante multicultural y diversa. Siendo que con un 30 % dejaría de ser España. Nadie en su sano juicio puede defender una política de puertas abiertas a todo el que quiera venir porque ni resolvería nuestra falta de natalidad ni nuestros planes de pensiones, sino que agudizaría los problemas del estado de bienestar, erosionaría la cohesión nacional que toda nación necesita para sobrevivir y complicaría la paz social.

Los inmigrantes son catalogados como consumidores de bienes y servicios que estimulan la demanda, pero esto es erróneo porque no tiene en cuenta que su coste económico en España es entorno a los 60.000 euros en su primer año de acogida.

Tampoco es verdad que aporten a las arcas nacionales, siendo el dato de aportación del 3%. No vienen a cubrir un trabajo que ningún español esté dispuesto a realizar, salvo en momentos determinados y en zonas específicas, por cuanto no hay ninguna profesión u oficio donde los inmigrantes sean mayoritarios. Y no es menos cierto que el 30% de la población reclusa en España es extranjera, casi tres veces por encima del peso de la población española, siendo mayoritaria la población musulmana y africana.

No se trata de ser racistas, aunque cada día aumenta ese sentimiento en la sociedad española, pero el sentido común nos lleva a pensar que la inmigración actual y la que se nos avecina, va a tener más consecuencias negativas que positivas. ¿Para cuándo las batallas campales de EEUU entre nosotros?

Resulta ofensivo que este Gobierno que comparte aventura con la chusma de Podemos, con los que justificaron el asesinato por motivos políticos y con los protagonistas de delitos contra el orden constitucional. Que tiene como objetivo la batalla identitaria, que mantiene una estrategia social rupturista, y cuya política está dominada por la improvisación. Haya nombrado como Secretaria de Estado de Migraciones a las semi-española Anna Jalloul, cuyo padre libanés, ¡vete a saber cómo entró en España!

 No se puede dar cabida en el aparato institucional del Estado (y se lo decimos a todos los partidos) a quienes son hijos de un padre o una madre que pudo haber llegado en patera, se casó con una soltera-o o solterona-on y que han vivido, en un 90 %, de ayudas sociales.

Ningún tribunal puede hacernos cambiar de opinión, ni vulnerar el derecho fundamental que todo ciudadano europeo tiene a expresarse ni imponernos que no nos guste tener extranjeros. Y esto que es así, guste más o guste menos a los extranjeros o semi-extranjeros, esto es, aquellos que uno de sus progenitores no es español.

El mayor problema que tiene planteado Europa, y España muy principalmente, es la extranjería, que es un problema absolutamente desbordado. Y es el principal problema, porque el español, sea el que sea, sea de Podemos, Bildu, ERC, puede terminar convirtiéndose en un buen español, pero el extranjero siempre mirara por su propio beneficio: subsistir, medrar, prosperar.

A la señora Hanna Jalloul le falta la mitad del cachirulo para ser aragonesa. Esto es, española. Por eso el PSOE ofende. Bien es cierto que ese es su propósito y su cometido.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )