EL CAMBIO LLEGA AL FIN A ANDALUCÍA

Después de unas semanas de ruido en las que los partidos se han cruzado acusaciones y aspavientos de cara a la galería, parece que las cosas en Andalucía toman el rumbo lógico que se corresponde con la voluntad de cambio expresada en las urnas.

Urgidos por el agotamiento de los plazos, PP y Cs ofrecieron ayer su perfil más responsable cerrando una larga negociación poselectoral que llevó a buen puerto un proceso a varias bandas nada fácil, por cuanto fijaba estrategias llamadas a condicionar las siguientes citas electorales en un escenario multipartidista cada vez más fragmentado.

Cabe felicitarse de que, en tiempos de polarización y deslegitimación política del adversario, el pacto se haya impuesto a la tentación del bloqueo. Tras algunas discrepancias que parecían poner en riesgo la realidad de la alternancia, los partidos concernidos por la perspectiva de un cambio histórico terminaron relegando cualquier cálculo egoísta -habrían pagado semejante irresponsabilidad ante la opinión pública- para canalizar el deseo de renovación manifestado por los andaluces.

El acuerdo de Gobierno alcanzado entre liberales y conservadores articula un programa ambicioso para la transformación política, social y económica que una mayoría social ansía desde hace tiempo. Las 90 medidas consensuadas persiguen la regeneración de una tierra lastrada como ninguna otra por la corrupción, el clientelismo y la ineficiencia.

Plantean el recorte drástico de una administración paralela formada por infinidad de empresas públicas. Eliminan duplicidades, redimensionan Canal Sur para hacerlo menos gravoso y más plural y obligan por ley a una despolitización general del entramado administrativo. En política fiscal proponen una bajada de impuestos que afecta al IRPF y al Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

Afrontan el deterioro de la sanidad y la educación públicas equiparando los salarios de médicos y profesores y reduciendo las listas de espera y el abandono escolar. En definitiva, introducen toda una batería de políticas alternativas a las desplegadas por cuatro décadas de socialismo cuyo balance resulta desmoralizador, pues no han sabido sacar a Andalucía del furgón de cola de las regiones europeas.

Nada más abrirse las urnas, Vox anunció que no sería obstáculo para un cambio que, en atención al reparto de escaños, correspondía fraguar a PP y Cs. Y pese a haber amenazado hasta ayer con patear el tablero, finalmente entendió que no podía bloquear las medidas descritas.

Máxime tras el pacto cerrado in extremis entre PP y Cs para constituir hoy la Mesa del Parlamento andaluz integrando a las cinco fuerzas con representación, incluido Vox. Parece razonable que así sea, atendiendo a la distribución del voto. Extinguida la campaña, la política adulta exige la transacción en aras del bien común. Una nueva etapa se abre camino al fin en Andalucía. Que no se malogre.

El Mundo