Máximo Pradera es un periodista, ”o algo así”,  que cayó en desgracia entre los suyos hace mucho tiempo cuando trabajaba en Canal Plus, y desde entonces ha ido degenerando, degenerando, hasta convertirse en lo que es hoy: un bufón con más resentimiento que capacidad para los malos chistes ,  que ha aparcado su inteligencia para utilizar el insulto y desearles la muerte a otras  personas, por el simple hecho de tener una ideología política distinta a la suya y a la del medio en el que trabaja.

La columna que escribió hace un par de días en el Diario Público ha provocado que la dirección de la empresa periodística prescinda de él como articulista “al incumplir los estándares éticos que exige a sus colaboradores”.

Pradera, lamentó lógicamente la noticia de que a la periodista Julia Otero los médicos le hubiesen detectado un cáncer y escribió que “ Trump, Aznar y Macarena Olona eran tres candidatos cojonudos para que les hubiese tocado a ellos esa enfermedad ”.

Con ese deseo de que puedan morir otras personas no ha cometido ningún delito, según nuestra legislación, porque desearles un cáncer a alguien es casi menos grave que las proclamas del rapero Hasel especialista en vomitar odio, pero imagino que Máximo Pradera escribe así porque cree que gana puntos ante un sector de la izquierda política al que quiere servir, aunque ignora que la decencia no debe ser nunca incompatible con la ideología.

Los insultadores y odiadores de estos tiempos juegan con ventaja porque, como mucho, algún día se podrían llevar un buen pan bendito, pero si las ofensas, en vez de dirimirse en los juzgados se resolvieran hoy como en el siglo XIX en la clandestinidad de un descampado al amanecer, con padrinos y testigos vestidos de levita y sombrero de copa, estoy persuadido de que disminuiría el número de bocazas,  por miedo a recibir la réplica que la tradición permitía en defensa del honor injustamente mancillado.

Hoy en cambio, como la sociedad es más civilizada que algunos de los cabestros que la componen, la hijoputez se ha convertido en hereditaria y puede pervivir por generaciones, aunque sea dando algunos saltos en el vacío hasta reencontrar su natural camino.

Quienes conocemos a Julia Otero y sentimos por ella admiración y afecto, hemos hecho público nuestro apoyo y ánimo para que supere el cáncer, sin necesidad de desear esta enfermedad a ninguna otra personaporque el respeto a esta profesión permite hacer compatible el afecto con la decencia y la justicia.

Diego Armario