EL CAOS VÍRICO Y POLÍTICO DE TORRA

El caos vírico que padece Cataluña tiene causas claras y no son las que aduce Torra. A estas alturas va quedando dramáticamente claro el grado de incompetencia que acompaña el demagógico discurso del independentismo.

Sumidos en una guerra interna, pendientes de sus divisivas estrategias preelectorales antes que de la búsqueda del bienestar general de los catalanes y con un president que solo responde ante un fugado de la Justicia, la Generalitat ha permitido que una parte importante de la comunidad se encuentre desbordada por el descontrol de los contagios.

La competencia es suya -después de reclamarla lastimeramente durante todo el estado de alarma- y su tarea prioritaria pasaba por contener y prevenir la transmisión del virus tras la desescalada. Pero Torra está fracasando también en esto.

La exponencial propagación de la Covid-19 en la autonomía llevó el domingo a la Generalitat -que sigue culpando a Madrid de los rebrotes- a decidir el encierro en casa de los habitantes de Lérida y otras comarcas salvo para asistir al trabajo o ir a la compra.

Tamaña restricción de derechos es insólita fuera del estado de alarma. Tras su letal imprevisión, Sánchez no tuvo más remedio que decretar un severo confinamiento. Del mismo modo, Torra busca descargar sobre la ciudadanía la responsabilidad para tratar de paliar su deficiente gestión.

Pero la Justicia revocó la decisión del confinamiento decretado en Cataluña por carecer de cobertura legal. Y ahora Torra, en su línea de desobediencia recalcitrante, anuncia que desacatará a los tribunales y matendrá la restricción de un derecho tan fundamental como la movilidad.

Todo porque durante semanas el Govern -y en concreto su consejera de Salud, Alba Vergés- se negó a atender las señales que advertían del incremento de contagios; en Lérida, la comarca más golpeada, se estaban disparando exponencialmente. A finales de junio los casos aumentaron un 50%. Pero pese a tales evidencias, Vergés -que sigue en el cargo- no hizo nada.

Cabe recordar que Sánchez pactó hace semanas con Cs las prórrogas de la alarma a condición de comprometerse a buscar alternativas legislativas para no restringir de nuevo libertades básicas ante la posibilidad de rebrotes. Por ello, el 13 de mayo la vicepresidenta Calvo anunció que reforzarían el papel de las autonomías: modificarían el marco legal para que estas dispusieran de más herramientas para combatir los rebrotes usando la legislación ordinaria y sin paralizar la economía otra vez, según le venía exigiendo también el PP.

Dos meses después, las palabras del Gobierno se revelan como el enésimo engaño y esa «urgente» reforma brilla por su ausencia. Mientras, la ineficiencia la pagan los ciudadanos, que contemplan con temor cómo los brotes se multiplican y la tasa de contagio empieza a acercarse al estadio inicial de la mayor crisis sanitaria y económica de nuestra historia reciente.

El Mundo