EL CINISMO DEL GOBIERNO, DAÑA EL CRÉDITO JUDICIAL

Ayer tocaba negarlo todo. Dos días después de que el propio presidente del Gobierno en el Congreso apelara a una propuesta de Federico Trillo para restringir la calificación del delito de rebelión a los golpes militares propios del pasado, la portavoz Celaá adoptó la pose institucional que otros viernes le falta para incurrir en una grosera mentira: «El Gobierno no habla del Poder Judicial ni pretende orientarle».

Y despachó como mera libertad opinativa el obvio ejercicio de presión de Pedro Sánchez desde la tribuna, gesto con el que espera consolidar la alianza con los separatistas de la que dependen no solo sus Presupuestos sino la duración de esta legislatura y la posibilidad de revalidar el puesto en la siguiente.

Resulta entre bochornoso e indignante el cinismo con que el Gobierno niega presiones sobre el Tribunal Supremo que todo el mundo ha visto. Desde hace semanas, y a tono con las exigencias de Joan Tardà o Pablo Iglesias, casi no pasa un día sin que un cargo socialista, algún ministro y especialmente la vicepresidenta Calvo insistan en que no ven rebelión en el golpe a la Constitución de hace un año. Solo cuando el goteo de opiniones perfectamente alineadas ha terminado por enfadar al Supremo, sale Celaá y exhibe un poco de respeto a Montesquieu.

Ya hemos dicho aquí que el discurso político no es inocente, ni puede ser elástico. El escrúpulo en la observancia de la separación de poderes no puede depender de los pactos que Sánchez tenga apalabrados con sus socios de censura. Se diría que el Gobierno aprieta a los jueces cuando sus aliados se lo piden, y cuando los jueces protestan y la opinión pública se resiente, entonces anuncia un recurso para defender al Rey y marca perfil constitucionalista en sus declaraciones.

Aunque bajo cuerda siga presionando a la Abogacía del Estado para que rebaje la calificación jurídica a sedición y contentar así al independentismo. Este juego de calculada intermitencia por puro interés de poder constituye una vergüenza política y una irresponsabilidad institucional.

Porque no solo se destruye la credibilidad de Sánchez ante los españoles, sino que además se daña la imagen de nuestra democracia ante la a menudo confundida opinión internacional.

viñeta de Linda Galmor