EL CINISMO INMUNE

Admítelo: ha conseguido asombrarte. A ti, que presumías de escéptico, que incluso cuando le oías repetir en todas las televisiones que jamás pactaría con Podemos apostabas con tus amigos a que a la primera oportunidad volvería a hacerlo. A ti, que te creías inmune a sus embustes porque desde el primer momento atisbaste de qué pasta estaba hecho. A ti, que ponías gesto de suficiencia cuando tus compañeros sostenían que las fuerzas telúricas de la política o del Estado, esos poderes invisibles que ya una vez lo detuvieron, serían capaces de volver a ponerle freno.

A ti, que repetías a quien te quería oír que el plagio de la tesis era la prueba esencial, ontológica, de su carácter fullero. A ti, que casi admirabas el desparpajo con que tomaba a la gente el pelo y vaticinabas la inmunidad electoral de sus cambios de criterio.

Ahora tienes que reconocer que ha superado tus expectativas al concederle al separatismo catalán un referéndum. Ni en el más cínico de tus cálculos pensaste que llegaría a eso. Pues ahí lo tienes: tú también eras un ingenuo.

Pero en el fondo tenías razón: el gran éxito de Pedro Sánchez ha sido la completa despenalización moral y social de la mentira. A base de convertir su palabra en una filfa, en un palique carente de sentido, en una cháchara vacía, ha conseguido que la contradicción compulsiva, el autodesmentido, la rectificación continua, carezcan de la más mínima consecuencia política.

Que cualquier afirmación, cualquier promesa, cualquier negativa, cualquier simple frase que pronuncie adquiera de inmediato la condición de una baratija y le faculte por tanto a considerarla no dicha. Al destruir, por desgaste, el valor contractual del compromiso entre el dirigente y su pueblo, se siente liberado de todo lastre ético.

Y lo ha hecho con tanta nitidez, de un modo tan reiterado y abierto que tal parece que la culpa no es suya sino de quien resulte tan inocente como para confiar en él o seguir creyendo en la remota posibilidad de que alguna vez se guarde a sí mismo un cierto respeto.

Por eso ahora te aferras a la esperanza de que también engañe a sus aliados. Y puede que lo haga porque al fin y al cabo su talante falsario dará la cara más tarde o más temprano. Pero ya está hecho el daño: ha dado legitimidad a la sedición, ha birlado al conjunto de los españoles su derecho soberano y lo ha troceado al gusto de los separatistas para que lo mantengan en el cargo.

Ha entregado el régimen constitucional a sus enemigos y de paso se ha llevado por delante el poco crédito que le quedaba a la política como oficio digno. Sin embargo, incluso a ti, en tu maquiavelismo descreído, te ha costado encajar este último giro.

Quizá esperabas que en medio de este desolador páramo de egoísmo, de deshonestidad y de desprestigio aún hubiese un rincón, un sitio, un refugio, un escondrijo, por pequeño que sea, para los principios.

Ignacio Camacho ( ABC )