EL CISNE NEGRO

Vox no sólo le van a beneficiar los restos del sistema electoral, también los de Franco

ES una película. Dos películas. El cisne negro (de piratas y bellezones: Maureen O’Hara, Tyronne Power) y Cisne negro (de ballet, delgaduchas y chifladura). También es una teoría la del cisne negro. Un cisne negro son las consecuencias de un suceso inesperado que dan lugar a una movilización mayor de la que se esperaba. Teoría acuñada por Nassim Nicholas Taleb.

En Cataluña, un cisne negro fue la difusión de las cargas policiales el 1-O. Da igual que los daños físicos causados de verdad no fueran los aparentes, los que coló la propaganda independentista y Marta Dedos Rotos. Mucha gente razonable se preguntaba fuera de Cataluña cómo podía estar la Policía pegando a viejas. Dentro el cabreo se incrementó. Y las movilizaciones. Siempre puede pasar cualquier cosa y que se arme más. Que un niño de esos que sacan en manifestación se abra la cabeza de manera accidental. Un patito convertido en cisne negro.

Adaptándolo muy libremente y recordando el campanazo de Vox en las últimas elecciones andaluzas, la propia Cataluña (el proceso independentista y lo que hacía, o no hacía, Gobierno español) fue un cisne negro para muchos votantes.

Antes de la sentencia, incluso de la filtración, la encuesta de ABC/GAD3, da a Vox un incremento de escaños el 10 de noviembre, cuando en las anteriores elecciones generales se consideró que hubo pinchazo (vale, sólo por las altas expectativas). Vox, 33 diputados (tenía 24) y Ciudadanos, 20 (tenía 57). El PSOE tendría 126 y el PP, 98 (32 más).

El PSOE, también con altas expectativas, da la impresión de padecer el síndrome de Pollyana (por el personaje de Eleanor H. Porter al que siempre vemos con la cara repelente de Hayley Mills). Consiste en la idealización de las situaciones y experiencias. Un optimismo enfermizo y no ligado a la realidad (sólo subiría tres escaños).

Explica Mariano Calleja en el artículo de ABC sobre la encuesta que la caída de Ciudadanos beneficia a Vox, que con una pequeña subida de votos (10,3 por ciento de votos en abril y 11,8 por ciento de los votos en noviembre) se colocaría como tercer partido. «El partido de Abascal perdió la batalla de los restos con el de Rivera en varias provincias el 28 de abril, y ahora pasaría lo contrario».

Pero hay más restos que benefician a Vox, los del hombre muerto que sí ha sido condenado por rebelión (lo mismo soy partidaria de la sedición para escuchar a Cayetana Álvarez de Toledo decir sediciosos, que en su boca suena a insulto fino).

Los otros restos, los de Franco, también pueden ser un cisne negro para Vox. Para cabrear a algunos. Para cabrear incluso a los que pensaban en el general Franco tanto como en el coronel del Kentucky Fried Chicken. No se trata sólo de nostálgicos y de practicantes del 20-N (cuatro gatos y el águila de San Juan).

No se trata sólo de esa señora que forcejeaba el otro día con la Policía en el Valle de los Caídos con gritos de «¡Quiero ir a misa, quiero ir a misa!». No sé qué dirán los politólogos. Esos a los que, según Rosa María Mateos, consultaron para llamar «extrema derecha» a Vox en los informativos.

Los sentimientos y cabreos no sólo se echan a la calle. También votan. Los sentimientos son esos mequetrefes presuntuosos a los que protege la corrección política. Pero votan. Los sacadores de Franco son partidarios de la religión única. Cómo va a querer alguien de bien que Franco esté en el Valle. Si quieres que esté o, lo más habitual, te importa un bledo (tampoco he consultado politólogos) estás en contra de la religión verdadera. Tres películas.

Rosa Belmonte ( ABC )