EL COMODÍN

Pedro Sánchez, el eventual líder de la oposición, nació en febrero de 1972. Así que cuando el dictador Franco se murió, Pedrín era un tierno infante de tres años. A pesar de su temprana conciencia política y de su gran cabeza, resulta dudoso que el pequeño Sánchezfuese muy consciente de la represión franquista. Supongo que Pedrito andaría más bien en otros afanes: jugar con todo lo que pillase a mano, garabatear sus primeras letras o embadurnarse la cara zampando chuches. Siendo mayor que Sánchez, lo único que recuerdo con nitidez de Franco es que cuando falleció el autobús que nos llevaba al cole dio media vuelta y un profe con rictus solemne nos anunció que tendríamos una semana de vacaciones (¡qué jolgorio se armó en aquel bus!).

Cuando el joven Sánchez llega a la universidad para estudiar Económicas, Franco lleva dieciocho años en su tumba y España, ocho bajo el Gobierno de un presidente socialista (que por cierto, gobernó catorce años y jamás se le ocurrió desenterrar al autócrata, porque tenía cosas mejores que hacer). No parece que la sombra del dictador fuese ya muy alargada por entonces. La Transición, admirada en todo el planeta, supuso un hermoso pacto de perdón mutuo, una apuesta fraternal por cerrar heridas, pasar página y progresar.

De hecho, hace treinta años la izquierda hablaba de Franco menos que ahora, cuando el general ferrolano está experimentando un insólito revival, casi del ámbito de Iker Jiménez, por cortesía de pensadores como Sánchez e Iglesias Turrión. En 2013, cuando Pedro se convirtió en diputado, el autócrata que combate llevaba muerto ¡41 años! Su lugar son los libros de historia, porque el debate político ha sido finiquitado por la pura biología: salvo muy contadas excepciones, los dirigentes franquistas y los luchadores antifranquistas más conspicuos hoy habitan en el más allá.

¿Tienen sentido las tardías revanchas contra los muertos? ¿Vamos a abrir una causa contra Fernando VII por su felonía antiliberal? ¿Revisaremos con una Ley de Memoria la dictablanda del general Berenguer? ¿Cambiaremos el callejero para denunciar así la incompetencia manifiesta de los mandatarios de la II República a la hora de mantener los pilares de un Estado de Derecho?

España se ha fumado casi toda la hucha de las pensiones y es dudoso que el sistema sea sostenible tal y como está. ¿Qué solución propone Sánchez? Ninguna. Los sueldos de los españoles están bajando mientras el país crece al 3%. ¿Qué solución propone Sánchez?Ninguna. El envejecimiento de la población hará inviable la sanidad pública si no se reforma. ¿Qué solución propone Sánchez? Ninguna.

La amenaza separatista catalana sigue abierta. ¿Solución Sánchez? Ninguna: reformar la Constitución para debilitar el Estado y que los sediciosos lo tengan más fácil en su próximo golpe. España afronta un inquietante horizonte demográfico. ¿Qué propone Sánchez? Nada. Y es que Pedro está en lo importante: desenterrar a Franco y abrir causas generales sobre los muertos.

Luis Ventoso ( ABC )