EL CONGRESO, EL VACÍO Y LA TRAICIÓN

Como si estuviera así siempre, vacío. Ni una ley ha aprobado el Congreso en este II Año Triunfal del sanchismo, ni una sola, lo que dice bien a las claras el respeto e importancia que el PSOE de Pedro Sánchez tiene por el lugar donde descansa la soberanía de los españoles.

«¿Las Cortes?, menudo tostón», pensará el doctor, «si esto lo arreglo yo con reales decretos», aquellos que eran «trágalas legislativos» cuando los emitía un Gobierno de Rajoy sin mayoría suficiente. Y este clamoroso vacío, este erial sin leyes, sin orden ni concierto, se produce por primera vez en la historia de la democracia.

Ya ven, todo un pionero Sánchez, que ha tenido que venir él para que el Congreso sea absolutamente inútil en su principal función, a descubrirnos «su» democracia desfigurada, este adefesio que nos lleva, por ejemplo, a que los partidarios de un golpe de Estado conozcan el informe sobre la inmunidad de un delincuente antes de que lo emita la Abogacía del Estado, convertida por Sánchez en lo más parecido a una marioneta.

Parece lo esperable de quien ha llegado a alardear en público de que controla a la Fiscalía. Sí, es fácil imaginárselo atusándose el pelo frente a un espejo de La Moncloa, murmurando «el Estado yo soy», cual Luis XIV pero del barrio de Tetuán.

Pocos escándalos de este calibre ha conocido el viejo caserón de las leyes de la Carrera de San Jerónimo y eso que el listón del oprobio estaba alto desde que Sánchez mandara a Iglesias a la cárcel a negociar unos Presupuestos con los golpistas presos por querer romper España.

Que eso también pasó y casi se nos había olvidado aquella infamia, aquel contradiós que supone ir por las cárceles mendigando el voto de unos golpistas. De nada valieron entonces las decenas de sesiones en el Congreso discutiendo y negociando esta o aquella partida presupuestaria con los partidos pues al final todo dependía del visto bueno de uno de los cabecillas de la banda del lazo encarcelado.

No lo dio y hubo el doctor de convocar elecciones. Le salió mal y volvió a citar a los españoles con las urnas. Y volvió a salirle mal y como en unas terceras le podía salir aún peor ha tirado el doctor por la calle de en medio, echándose de nuevo en brazos de los separatistas y manoseando o ninguneando de manera indecente las instituciones del Estado.

Si España sale de esta, si supera esta inconcebible anomalía que nos ha traído el sanchismo, será sin duda indestructible. Pero antes tendrá que lidiar con otro buen puñado de traiciones.

Álvaro Martínez ( ABC )