Hace ya algunos años, en aquella maravillosa Televisión Española de solo dos canales, la 1 y el UHF, los domingos en la primera cadena se inventaron un maratoniano programa. Un contenedor, que así se denominaba por los programadores del canal, que duraba toda la tarde y en el que había dentro de su estructura diferentes espacios de entretenimiento y de información.

Se llamaba Todo es posible en domingo. Pues bien, uno de los espacios de este largo programa se titulaba: El conseguidor y la dinámica del mismo era muy simple, un personaje estrafalario y simpático, encarnado por el actor, Julio Riscal, recibía todas las semanas peticiones por carta que él se encargaba de conseguir.

Ha pasado ya mucho tiempo de esa feliz televisión, pero esa posible nostalgia de esos programas se ha subsanado en las urnas desde hace cuatro años, porque nos ha regalado, gracias a los votos de una manada de analfabetos, otro conseguidor que nos gobierna, aunque esté convirtiendo España en un solar, pero que desde que su partido, el más nefasto y criminal de todos los partidos, ha empezado a perder elecciones autonómicas, primero en Madrid, después en Castilla-León y por último, y estás sí que les ha hecho daño, pues se han llevado un castañazo en lo que no hace muchos años era su cortijo de robo a mansalva.

Porque en Andalucía han perdido hasta en Dos Hermanas y esto sí que es un detalle para, como poco, ponerse muy nerviosos e intentar, aunque se note mucho el aspecto del zurcido, arreglar un poquito el desastre que, posiblemente, yo tengo serias dudas de que ocurra, se les avecina.

Y en esta situación aparece de golpe y sin previo aviso el milagroso conseguidor, esta vez encarnado en la persona de «Antonio», el amigo de Mario Draghi, también conocido por Pedro el mentiroso.

Pues bien, analizado el desaguisado, este sinvergüenza ha pensado, aunque toda comparación es odiosa y esta más, solventar el problema a lo Fray Escoba. Ha decidido sacar de su bolsa amparo para los necesitados y repartiendo limosnas, tratar de ganar otra vez la confianza de las gentes.

Cuando les plantearon bajar el IVA de la luz salió a la palestra la indigente mental de la «Chiqui» Montero, a la sazón ministra de Hacienda y dijo que no se podía bajar el impuesto, porque Bruselas lo impedía y este planteamiento era una mentira como una catedral.

Algo parecido ocurrió con las mascarillas del ministro Illa y sus chanchullos y el individuo sigue sin estar entre rejas. ¿Que no se puede bajar el impuesto de la luz? Pues sí que se puede porque llega el conseguidor y lo baja al 3%. ¡Faltaría más! Y además incrementa impuestos a las eléctricas que se ha dado cuenta de repente de que ganan mucho con sus peajes y sus chanchullos. Pero esta medida solo hasta que escampe un poco.

¿Cuánto tiempo hace que los autónomos se están quejando de la ruina impositiva de estos mangantes del gobierno que les están obligando a cerrar sus negocios masivamente? Creo que mucho tiempo, pero tranquilos el conseguidor ha dicho a su ministro de Seguridad Social, a la sazón, José Luis Escrivá, que levante un poco el pie del cuello de estos trabajadores y que rebaje algo la cuota mensual, que ya vendrán tiempos mejores para volvérsela a subir.

¿Qué hay familias necesitadas en este país? Pues parece ser que «Antonio» el conseguidor no lo sabía y se ha dado cuenta después del descalabro andaluz. No pasa nada, se inventa un cheque de 200 euros, pero eso sí, exclusivamente para familias en la indigencia.

Si el ciudadano cobra una misera pensión o el ingreso mínimo vital, no podrá solicitar esta limosna. Yo supongo que esta ayuda está pensada para incrementar todo lo que reciben los «neurocirujanos» que llegan a nuestro país en pateras.

En definitiva, podemos estar muy tranquilos y satisfechos. Tenemos un conseguidor en la presidencia del gobierno que de repente y tras las elecciones andaluzas se está preocupando de suturar una herida que tiene mal aspecto y que los más optimistas opinan que les puede costar muy caro.

Yo por desgracia y ante esta sociedad de borregos que padecemos soy bastante pesimista al respecto. Ojalá me equivoque.

Alejandro Descalzo ( El Correo de España )