Prácticamente desde el principio de esta locura etiquetada por la OMS como pandemia, después de ajustar convenientemente la definición de ese tipo de situación sanitaria para que encajase plenamente como tal, desde esos inicios, digo, a muchos nos olió la algarada a cuerno quemado; a los que teníamos dudas más que razonables y pretendíamos un debate científico alrededor de lo que se estaba produciendo se nos apartó rápidamente mediante las argucias ya sabidas, pero eficaces, de la descalificación pública; así, pasamos a ser etiquetados de “negacionistas” (hoy pienso que los que así nos llamaban tenían algo de razón, al menos en mi caso; soy, efectivamente, negacionista, porque me niego en redondo a comulgar con ruedas de molino) y tuvimos que sufrir malas palabras, insultos, miradas asesinas y ostracismo… Pero resulta que hay una verdad que se mantiene erguida contra viento y marea: “El tiempo siempre pone a cada uno en su lugar”.

Hoy se reconoce como cierto y se avala en abundante literatura científica, lo que algunos de nosotros empezamos a manifestar desde el principio: las dudas cada vez más consistentes acerca de los efectos que podrían tener (y, de hecho, ya probadamente tienen) esas inyecciones arbitrarias a las que nunca se debió llamar “vacunas” porque, a pesar de las contorsiones sintácticas de la OMS, nunca serán otra cosa que un tratamiento genético experimental.

Hemos aguantado y persistido en la brecha porque consideramos que es nuestra obligación, como científicos y como seres humanos, el advertir, alertar y exponer nuestras dudas razonables al respecto de esos pinchazos. También es la obligación de cualquiera que tenga la responsabilidad de personas a su cargo, responsabilidad altamente incumplida por demasiada gente, hay que decirlo.

Pero hay alguien que sí cumplió fielmente con su deber de proteger a esas personas a su cargo; esa persona es el coronel del Ejército del Aire Carlos Martínez-Vara de Rey, a quien tuve el honor de conocer personalmente y que el día 30 de noviembre de 2021 se dirigió a usted, poniéndola en antecedentes de su preocupación frente a que los soldados tuvieran que recibir en sus organismos esa cosa; ese acto no solamente le confiere al coronel un valor humano que se va echando cada vez más en falta a todos los niveles, sino que también lo revela como una persona de honor; en una cuestión como la de la salud de los subordinados, la sola duda razonable ya es motivo para que se abra una investigación, y eso es lo que él le pedía a usted: investigación.

Pero usted no tuvo dudas; usted se creyó en posesión de la verdad y no solo eso: usted mostró su absoluto desprecio por la salud de sus tropas y, por lo tanto, su indignidad, y cesó al coronel; quizás así se encontraba más cómoda. Usted, claro.

Hace algunas semanas tuve ocasión de acceder a una información relevante que fue trasladada por videoconferencia ante militares estadounidenses por Pam Long, una veterana del ejército de los Estados Unidos que presta sus servicios en el DMED, la Base de Datos Epidemiológica del Departamento de Defensa de los Estados Unidos; esta mujer reveló unos datos que a usted, indigna ministra, le importan menos que un pimiento, pero que yo le voy a citar aquí; se trata de incrementos en ciertas afecciones a partir de las inoculaciones a miembros del ejército:

  • Miocarditis: Incremento de casos en un 2.800 %
  • Cánceres de distintos tipos: Incrementos de entre 300 y 900 %
  • Infertilidad (ambos sexos): Incremento de un 500 %
  • Abortos espontáneos: Incremento de hasta un 300 %
  • Trastornos neurológicos: Incremento de un 1.000 %
  • Trastornos desmielinizantes: Incremento de un 1.000 %
  • Esclerosis múltiple: Incremento de un 600 %
  • VIH (SIDA): Incremento de un 500 %
  • Embolia pulmonar: Incremento de un 400 %

Todo eso es más, estoy seguro, de lo que el coronel Martínez-Vara de Rey podía sospechar; y demuestra que él hizo bien en plantear sus dudas e intentar proteger a sus tropas. Pero usted actuó como lo que es, una política sin escrúpulos que solo quiere que nadie la incomode; y da igual lo que les pase a los soldados, porque ha demostrado que para usted son material desechable.

Señora ministra, usted ha demostrado claramente quien es y el tiempo pondrá a cada cual en el lugar que le corresponde según su comportamiento: El coronel tenía razón, usted no.

José Enrique de Tomás Sánchez ( El Correo de España )