EL CURITA NO SE SABE LA LECCIÓN

La gran distancia entre las pretensiones podemitas de machacar a los arrendadores y las medidas equilibradas aprobadas por el Ejecutivo en el tema del alquiler han echado por tierra las urgentes ansias persecutorias hacia emprendedores y pequeños inversores del párroco de Galapagar, el conocido como Pablo “Iglesias” el “Casoplón”, hasta tal punto que en su última comparecencia eclesial, desde su púlpito intrapersonal, recitó en tono monjil, piadoso y muy enternecedor, medidas talmente irreales e incorrectas, que en ningún caso aparecen en el BOE, y a las que este santurrón del taco hizo puntual referencia en su última comparecencia, rizando así el rizo de la demagogia barata sí o sí, también mostrando una incapacidad manifiesta para informar con objetividad, siéndole materialmente imposible salirse tan siquiera una sola vez de ese discurso bolivariano esquizofrénico que hierve en su sesera de comunista atormentado e imprevisible cuando se le hincha su vena del cuello y arremete como toro español, un machote del país, puro pedigrí, contra las empresas del IBEX de las que algún día será Consejero. Si no, al tiempo.

Bien es cierto que su maestro de alternativa a la política chunga, Sánchez el “Moncloador”, otro fichaje pa estudiarlo, puso sobre la mesa un contundente plan de ayudas al alquiler para socorrer tanto a caseros como a inquilinos en situación de vulnerabilidad afectados por el ochodemarzovirus, virus también conocido como Covid-19.

Sin embargo, una cosa es lo textual del paquete que alumbró el Consejo de Ministros y otro algo muy diferente la interpretación subjetiva y errónea que a modo de nana para dormir bebés fue susurrando el vicevicevicevicepresidente de Derechos Sociales y Sin Agenda, Pablete el nuevo rico, un hombrecillo fuera de contexto, desubicado en el tiempo y el espacio debido a su constante puesta en escena de ese papel de corderito celestial que siempre me trae a la memoria esos tiernos borreguitos que pintaba al óleo el gran Murillo.

El piadoso curita dijo: «Quedan suspendidos desde hoy y hasta que se cumplan seis meses tras el fin del estado de alarma todos los desahucios sin alternativa habitacional de los hogares vulnerables», mientras que el comunicado difundido por el Gobierno explicaba: «Se suspenden los desahucios durante seis meses desde la entrada en vigor del estado de alarma». Primer fallo.

El cursi curita explicó: «Si un inquilino está en situación de vulnerabilidad y su casero es un gran tenedor o un fondo de inversión, este tendrá que elegir entre dos opciones: o bien llevar a cabo la quita del 50% de la deuda del inquilino o bien reestructurar esa deuda para que pueda pagarla en tres años». El proyecto aprobado por el Consejo, sin embargo, matiza esa medida y no contempla una «quita», sino que sugiere un acuerdo voluntario entre los grandes tenedores y los inquilinos que lo soliciten. Segundo fallo.

El tierno curita expuso: «Ponemos en marcha, utilizando el ICO, un sistema de microcréditos públicos sin comisiones y a interés cero para que todas las personas en situación de vulnerabilidad puedan hacer frente al pago del alquiler de su vivienda».

En la práctica, el Gobierno no ha aprobado microcréditos públicos, sino que ha habilitado una línea de avales para la cobertura por cuenta del Estado de la financiación a aquellos arrendatarios en situación de vulnerabilidad. De este modo, el inquilino que lo necesite podrá solicitar a las entidades financieras tradicionales «un crédito finalista, directamente pagado al arrendador, por importe de hasta seis mensualidades a devolver en un periodo máximo de 10 años”. Tercer fallo.

Parece, pues, que el cargo que ostenta Pablo el “Casoplón con piscinón”, aun siendo un carguete cortito y facilón, no obstante le viene grande a este misionero orador formado allende los mares, llegado aquí como el Mesías de los pobres, de los más necesitados, esto es, de aquellos desnortados y antes empobrecidos para primero convertirlos en carne de cañón y después ser rematados por un comunismo de nuevos ricos, esa élite que gobernará con mano de hierro a una clase baja sumida en la miseria, la que antes constituía la clase media española que tanto costó alcanzar.

Porque elige y se dirige a las criaturitas, almas en pena que no necesitan para nada se le detallen las medidas del BOE, sino que se les cuente una versión populista de cada una de ellas, sin sujeción a la literalidad del texto, sino barnizadas con un toque de populismo simplón desde una tribuna con la banderita de España, una nación de naciones según el sacerdote de aldea Pablo.

Por doquier, la demagogia campa a sus anchas e incluso es tanta la necesidad de la misma para ponerla como cortina de humo a la incompetencia del personal, a su falta de sustancia, que incluso al explicar las medidas aprobadas y encorsetadas en un texto concreto, éstas se presentan disfrazadas, alteradas, porque lo que cuenta es la puesta en escena de una tribu de charlatanes que viven en un circo permanente, ese teatro en que han convertido la baja política de la capital, fantoches que viven una vida gratis total y pasan horas y horas en los restaurantes de Madrid, establecimientos mantenidos por una clase política hambrienta que parece nunca comió un puchero con todos sus avíos ni probó un rioja de Haro y que paga con una tarjeta cargo a otros, porque el dinero público no es de nadie –Carmen Calvo dixit–.

Así transcurre el anodino día a día de una clase política mal acostumbrada, desviada de su oficio de servicio público, sin ningún tipo de freno o sujeción a parámetro de eficiencia, sino de populismo, enredo y manipulación de la opinión pública con ahora novedosas ruedas de prensa en la Moncloa sujetas a preguntas pactadas, trucadas, artificiales, enlatadas, porque en el fondo, lo que ciertamente ocurre es que nos toman por tontos de capirote, por crédulos desinformados.

De no ser así las cosas serían muy diferentes y los políticos se enfrentarían a preguntas inesperadas de la prensa cuya tarea es informar y cuestionar la labor de ministros y menestras, como a la par, aquellos charlatanes que explicasen los acuerdos del Consejo de Ministros lo harían con claridad, exactitud y objetividad, nunca con trolas bolivarianas.

¿ Curitas a mí ?, ¡ venga ya, Pablo !

José R. Barrios ( El Correo de España )