La prueba de que el Gobierno se encuentra muy cómodo gobernando por decreto es el resultado de la reunión que se vio obligada a convocar la vicepresidenta tercera con las Comunidades para discutir, a posteriori de su publicación en el BOE, el decreto de ahorro energético.

El encuentro se convirtió en un simple trágala, según el cual tras fingir su disposición al diálogo el Ejecutivo se niega a mover una coma del decreto pese a los evidentes errores, imprecisiones y contraindicaciones que contiene.

De nuevo, el fingimiento se alza como motor de la estrategia del Gobierno, ese aparentar su apuesta por la cogobernanza que se termina una vez que comienza la reunión.

Luego, la culpa de todas las disfunciones, la inseguridad jurídica y desorientación general de los ciudadanos y las empresas la tendrá la oposición y no la torpe gestión normativa de un gabinete superado por la crisis energética, entregado a un festival de palos de ciego, ineficiente y que no hace otra cosa que generar confusión.

ABC