EL DEL EDIFICIO

El propietario del rumboso edificio de la plaza de Cataluña que ha permitido que en su sexto piso se exhiba una gran pancarta de desprecio al Rey, es para mí un traidor y un cerdo con collares ambarines. Me puedo permitir el lujo porque desconozco la identidad del propietario del piso o del edificio; si es hombre, mujer, la tercera cosa o tiorra; si es abogado, empresario, criador de caballos o ingeniero de telecomunicaciones; si veranea en Cambrils, en Playa de Aro o en Puigcerdá; si tiene hijos o carece de familia.

Es decir, que opinar públicamente sin conocer su identidad y por una acción significativa que el dueño de un edificio es un hijoputa no está incluído en el Código Penal por no existir hasta el momento artículo que prohíba o sancione escribir contra el dueño de un edificio. Y más aún si reparan en un elegante detalle. De escribir que el dueño del edificio que ha permitido en la Plaza de Cataluña vejar al Rey y Conde de Barcelona, es un hijo de puta, la madre del dueño del edificio estaría en todo su derecho de presentar una querella criminal por injurias contra mi persona.

Ella no tiene la culpa. Si acaso, haber traído al mundo a un nazi cretino como el dueño del edificio. He escrito que se me antoja un traidor y un hijoputa, así seguido, sin preposición referente a su madre, que significa «mala persona» según la RAE en su Diccionario de 2001, porque el del Tricentenario lo tengo en mi despacho de Madrid.

¿Es lícito recibir en España con insultos y desprecios al Rey de España? Si el propietario de otro edificio se atreve a colgar una pancarta en la que se lea « Pujol, ladrón. Mas, traidor; Puigdemont, cagueta; Torra infame» y sobrevive, ¿se le aceptaría mantener la pancarta visible durante todo el día o actuarían los Mozos de Escuadra? Veo imágenes sueltas de tontos que odian desfilando por las calles de Barcelona con cartelillos como el que sigue: «Cataluña no tiene Rey». Si, majadero.

Claro que lo tiene. Lo tiene desde más de cinclo siglos atrás, y es el Rey de España. Otra cosa es que a los pendencieros de la chusma separatista no les guste tener un Rey. En tal caso, lo correcto sería que el cartelillo rezara: “«Mi Cataluña no quiere tener un Rey». Pero negar lo evidente es de imbéciles. Tiene Rey, Cataluña tiene Rey, el Rey de España Felipe VI, hijo del Rey de España y Conde de Barcelona Juan Carlos I, nieto del Rey de hecho y Conde de Barcelona Juan III, biznieto del Rey de España y Conde de Barcelona, Alfonso XIII, y de ahí, de los reyes de España y condes de Barcelona, Alfonso XII, Isabel II –se incluye, claro está al Rey de España y Conde Barcelona Carlos VII de la dinastía Carlista-, a Ferando VII, a Carlos IV, Carlos III, y llegaríamos hasta Felipe V, que es un Rey tan español y tan catalán que a él se debe la creación de los Mozos de Escuadra, con o sin Trapero.

Un presidente de la Generalidad de Cataluña, el nada agraciado Chistorra, anima, abraza, impulsa y les desea éxito a los que reciban en Barcelona al Rey con agresividad y grosería. Y Sánchez de perfil, como de perfil estuvo Mariano Rajoy, que al pan, pan y al vino, vino. Toda la inmigración musulmana administrada, ordenada y manejada por la alcaldesa Colau estará contra el Rey, y ahí tendría que intervenir la directora del «Africa Center» para suavizar los enconamientos.

A tiempo está de dar el paso atrás y recuperar la dignidad perdida renunciando al contrato que el blandiblú Güemes le va a poner a la firma a mediados de septiembre en el Instituto de Empresa, que no es de Güemes ni de Argüelles, ni de Híjar, sino de otro marqués de la Alta Castilla. Se da la circunstancia de que el presidente Chistorra, el que provoca y anima el insulto al Rey, es el representante del Rey, del insultado, en Cataluña.

En fin; que son las 11:07 de la mañana del 17 de agosto, y la pancarta permanece en el edificio sin que hayan intervenido los Mozos de Escuadra de Felipe V. Ahora lo son –no todos–, de Chistorra, que ya ha sobrepasado con creces la línea de la delincuencia. Sigue la pancarta, y aquí, el humilde escriba, que no conoce la identidad del propietario del edificio que no autoriza la retirada de la pancarta, con pleno derecho y sin riesgo alguno, vuelve a recordarle, sin mención a su madre, que es un hijoputa. Y un traidor, por otra parte. El del edificio, quiero decir. Y Soros, detrás de todo.

Alfonso Ussia ( La Razón )