EL DESCRÉDITO DE CATALUÑA

Muchas son las cosas que Cataluña tendrá que agradecer a los líderes independentistas, una secuencia de la que no nos recuperaremos fácilmente: primero vino la vergüenza de los días 6 y 7 de septiembre, pisoteando el Estatut, la Constitución y el reglamento del Parlament. Luego, el falso referéndum del 1 de octubre, que no obtuvo más legitimidad que la que puede conseguirse con forcejeos y con porrazos, y que fue algo que ni debió ocurrir ni debería repetirse. Luego vino la no declaración de independencia del 10 de octubre, de nuevo degradando el Parlament como sede de una suerte de enigmática paralegalidad.

Luego, la estampida de empresas (según el inefable Junqueras se fueron horrorizadas por la violencia policial del 1 de octubre, no por otra cosa). Más tarde, asistimos al vodevil de unas elecciones primero anunciadas y luego retiradas, con Puigdemont demostrando que ya no es dueño de la situación ni capaz de ejercer con dignidad sus facultades estatutarias.

Y el viernes, finalmente, y casi por fin, la declaración de independencia y el 155. Así culmina una muy mala política basada en el engaño, la propaganda y la agitación, en la simplista atribución al adversario de los vicios en los que a sabiendas, con cinismo y con maquinación el propio soberanismo incurre (no son el Govern ni el Parlament quienes se sitúan fuera de la ley, sino el Gobierno de España, nos han hecho saber sus portavoces; no es el Govern quien malversa fondos públicos para su causa, sino Rajoy al mandar refuerzos policiales a Cataluña, nos explicó Puigdemont; no es el independentismo quien violenta a la Unión Europea, sino el Gobierno de España, nos han aclarado).

Jordi Ibañez ( El País )