EL DICCIONARIO PROGRE-ESPAÑOL

Es entrañable el vocabulario tibio de la izquierda para criticar sus propias aberraciones. Merecería incluso un traductor de Google para dimensionar con exactitud el significado de cada adjetivo. Por ejemplo, el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado es, para los socialistas que aún tienen la capacidad de sonrojarse ante el manoseo de Pedro Sánchez a las instituciones, una decisión «antiestética».

Si se le aplica el traductor online progre-español, español-progre, lo que quieren decir es que es escandalosa teniendo en cuenta que la autocrítica socialista no existe. Es un oxímoron. Por tanto, cada mínimo gesto de incomodidad o contrariedad con su propio partido ha de entenderse con la misma contundencia con la que se vacían contra la derecha en sus sesiones de espumarajos orales.

Quiero decir que cuando alguien del PP suelta una boutade machista, la maquinaria socialpopulista activa su magnífico sistema de bafles para que suene por todos los rincones su lucha contra esta lacra. Se ve mejor con un ejemplo.

Cuando Rafael Hernando se dirigió a Pablo Iglesias para decirle que Irene Montero había hablado mejor que él, pero que no quería hacer hincapié en eso para no provocar problemas en la relación, la respuesta de la progresía fue el alarido. Sin embargo, cuando Iglesias quiso azotar «hasta hacer sangrar» a la periodista Mariló Montero, lo único que se escuchó desde su trinchera fue que había sido un comentario «desafortunado».

Por eso es tan importante el traductor progre-español. Gracias a él podemos entender que cuando Dolores Delgado llamó «maricón» a Grande-Marlaska durante su afable comida con el comisario Villarejo, ese prohombre, y le confirmó que su agencia de lumias para obtener «información vaginal» tendría un «éxito garantizado», estaba mostrando su condición de homófoba y machista.

«A mí que me den tribunal de hombres, de tías no quiero», decía entre trago y trago. Pero en el diccionario progre-español, este comportamiento se llama «trayectoria profesional ejemplar», incluyendo en su primera acepción, por supuesto, las tres reprobaciones que el Congreso ha hecho a Delgado, cuya indiscutible condición feminista quedó acreditada en su asentimiento a la frase de su pareja, Baltasar Garzón, el que dice que «un delincuente no puede ser de izquierdas», durante el almuerzo con el capo de la grabadora: «Aquí hay una fiscal que solo está bebiendo cerveza, aunque luego bebe el vino de mi copa».

No importa. Según los manuales de ciencia del PSOE, ella es más feminista que todas las mujeres de derecha juntas por pura ley natural. Es socialista y con eso basta. Ergo Pedro Sánchez podrá usar la herramienta de la discriminación machista para amortiguar su proceso de politización de la Justicia, que es el antídoto del nuevo gobierno contra su tradicional crítica a la judicialización de la política.

Por supuesto, aclaremos que este vicio sólo se da cuando los jueces investigan y condenan a políticos de izquierda. Cuando pillan a los del PP se demuestra que «el Estado de Derecho funciona» y que «la Justicia en este país goza de una gran independencia».

Y así, poco a poco, hemos llegado a las recomendaciones de la nueva directora del Instituto de la Mujer y expresidenta de la Federación de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, Beatriz Gimeno, que ha dado en la clave del diccionario progre-español al afirmar que «la heterosexualidad no es la manera natural de vivir la sexualidad» para reclamar «la penetración anal de mujeres a hombres».

Si lo metemos en Google, el traductor nos da un resultado claro: «Vamos de culo».

Alberto García Reyes ( ABC )

viñeta de Linda Galmor