EL EFECTO SÁNCHEZ

Otra «pedrogrullada», perdonen el palabro, pero la actualidad obliga a inventar nuevas voces para describirla: reunión sorpresa del Gobierno en una finca estatal toledana para decidir qué va a ser «justo, solidario, igualitario y feminista». Cómo va a conseguirlo no lo dicen, tal vez por ser secreto de Estado. Con que nos explicaran cómo han pasado de comparar el Valle de los Caídos a Auschwitz (ministro Guirao) a considerarlo «un lugar de conmemoración, recuerdo y homenaje a las víctima de la contienda», (decreto ley de exhumación) nos daríamos por satisfechos, pero temo que vamos a quedarnos con las ganas. Suele ocurrir con los tramposos.

Si Zapatero se hizo célebre por las «ocurrencias» con que gobernaba, Sánchez se está haciendo por sus golpes de efecto. Debe de pasarse las noches buscando la sorpresa que va a darnos al día siguiente. Claro que como todas ellas tienen la misma factura, ya no sorprenden tanto. Empezó advirtiendo que el corto mandato presidencial prometido antes de que nacionalistas y Podemos le metieran en La Moncloa por la puerta trasera, iba a alargarse. Siguió con colocar a todos sus amiguetes en los puestos claves de la administración.

Mantuvo la reforma laboral de Rajoy, pero pidió a Bruselas que le permitiese ampliar el techo de deuda. Utilizó un reactor del Ejército para asistir a un concierto de rock con su esposa. Llevó a los políticos catalanes acusados de sedición a cárceles en su tierra. Se dispone a torear al Senado para pasar sus presupuestos y no está dispuesto a defender al juez Llarena de la demanda que Puigdemont y otros huidos de la justicia española han presentado ante los tribunales belgas.

Para sólo dos meses, no está nada mal. ¡Ah!, lo olvidaba: ha usado el decreto-ley más que sus antecesores en el cargo durante el mismo periodo. Él, que había echado pestes de tal recurso de gobierno. Pero si estaba dispuesto a gobernar con Podemos, y sólo la reacción de la vieja guardia lo evitó, que siga buscando el acuerdo con Iglesias una vez en el poder, no debe extrañarnos. Ni sus tejemanejes con los secesionistas, que «se limitan a hablar, no a hacer», les excusa su vicepresidenta.

Lo más extraño, sin embargo, es el silencio que reina sobre ello. ¿Se han fijado ustedes que, de repente, todo marcha bien en España? Ya no hay manifestaciones de los pensionistas, ni de la Seguridad Social, ni de los docentes, ni siquiera de las mujeres, excepto ese minuto de silencio cuando matan a una, pues siguen matándolas. Mientras las buenas noticias se hinchan: aunque el número de visitantes ha descendido, seguimos siendo una meca turística; la epidemia de sarampión no nos afecta; llueve pero es bueno para los embalses. y si bien es verdad que nuestras jóvenes futbolistas perdieron la final mundial, «su plata reluce como el oro».

El «efecto Sánchez» ha hecho el milagro. ¿O es el anuncio de la exhumación de Franco, como predijo Vizcaíno Casas? Vade retro! A ése, ni nombrarle.

José María Carrascal ( ABC )