España, en el peor año económico en décadas y sin ver aún el fondo de la recesión, tiene ya más de 3.300.000 empleados públicos, tanto pertenecientes a la administración central como a las autonomías, entes locales y organismos públicos.

El número supone un récord histórico y supera ya las desmesuradas cifras que alcanzó hace una década con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Lo mismo ocurre con el aumento de la inmensa cuota de interinos con contratos temporales, muchos de los cuales se basan en decisiones del Gobierno central.

El peligro es evidente, y ya en la etapa de Zapatero fue un error solo útil para maquillar las cifras del paro.

Si el dinero no se utiliza para fomentar la actividad empresarial, auténtica creadora de empleo, todo seguirá siendo un simple parche para abonar bolsas de voto cautivo y amiguismo, un endeudamiento desmesurado, y una falsa percepción de que todo funciona.

El Estado sigue siendo elefantiásico, y no parece haber solución.

ABC