Arremeter contra una menor, la futura Reina Leonor, mal les pese, solo está a la altura de un hombre para la historia como es el acorazado del Congreso: condenado por la justicia, impune en la política. Valiente malabarista. Del otro rufián, catalanista, ya se sabe: Dios los cría.
A mí me parece pintón el esbelto Echenique, grácil como una mariposa no parece pesar en la gravedad política aparentando poca cosa. No por lo fisonómico, digno de encomio, el esbelto Echenique es un volador sin capa, un supermán del camuflaje que lo mismo defrauda y comete abusos laborales, como denuncia las faltas de lo ajeno, rompedor crítico de poco ejemplo personal, y aquí no pasa nada.
De él no puede decirse que vino a apoltronarse, como los colegas de la manada, para vivir nutrido del cuento político, pues llevaba el trono puesto de su cerebro privilegiado. Es el hombre invisible de la democracia bolivariana, la mascota simpática del divertimiento grosero, el verbo apabullado lanzado sin pausa, oxigenado de rabia. Cuando gruñe se entiende que habla, cuando gesticula, con el espíritu, parece que grazna.
Es el esbelto alfeñique consentido de la democracia, liviano como una vergüenza escondida, pesado como un corrupto eternamente disculpado. Y no será que no llama la atención que en su contrato de trabajo-a él sí se le paga-ponga encubridor de delitos de la panda, denunciante de todo lo demás.
Que no se le cae la cara de vergüenza porque la lleva bien sujeta a la silla; la silla del trono de la demagogia, digo, del que es el rey de la corte bolivariana.
Los otros emperadores de Galapagar y éste bufón de su propio reino de mentiras, manipulaciones y trágalas, esbelto de apariencia, mas la apariencia engaña, que se trata de un esperpento moral, admirable si se le encuentra mérito a estar condenado y simular la honra.
La secta podemita explota al trabajador, al que luego silencia comprando la voluntad con dinero impropio.
Los marqueses los primeros con niñeras recolocadas, calladitas con puestos a dedo, guardaespaldas multiusos cobrando la callada; fotos íntimas con precio de digital… y el esbelto Echenique pillado de pringado, sentenciado por calumniar y condenado por abuso…
El esbelto Echenique que lo dejaron en la estacada, que más vale no mostrar las cartas de la corrupción salvo que se trate de salvar a los amos de Galapagar.
Y traga, el chollo manda.
Ignacio F. Candela ( El Correo de España )
viñeta de Linda Galmor