RTVE es uno de los organismos que Pedro Sánchez citaba recientemente para la necesaria renovación de sus cúpulas. No se dio sin embargo por aludida Rosa María Mateo. La veterana periodista, que ha sorprendido por el gusto que ha cogido al cargo, fue elegida a dedo por el presidente hace más de dos años como administradora única provisional.

Ella aceptó dando por bueno que se trataba de una solución transitoria, de dos o tres meses, mientras se desatascaba la elección de un nuevo órgano directivo. No solo no ha sido así, sino que Mateo va camino de perpetuarse al frente de la radiotelevisión pública sin rendir cuentas a nadie, porque no existe un consejo de administración, pese a lo que dice la ley.

Lejos de haber dimitido para forzar a que esta situación se resuelva de una vez, la administradora abusa de sus poderes haciendo y deshaciendo a su antojo tanto en los constantes cambios de programación como en los nombramientos y ceses, que se han convertido en un escándalo mayúsculo, ejecutados por su poderoso lugarteniente Enric Hernández.

La nueva temporada ha arrancado en la misma línea, con polémicos estrenos que, tras varios días en antena, ya se están confirmando como fiascos de audiencia. Recordemos que La 1 ha caído a los datos más bajos de su historia, apenas un 8,7% de cuota de pantalla -muy por detrás de las generalistas privadas-, con una fuga de espectadores alarmante en los telediarios, hasta hace poco referentes en la información audiovisual en nuestro país.

Por este desastre nadie asume responsabilidades ;cuando comparece ante las Cortes, Mateo se limita a echar balones fuera.

Pese a esta situación, RTVE mantiene una estructura elefantiásica de más de 6.500 trabajadores -inconcebible en tiempos de crisis-, a pesar de lo cual no dejan de contratarse productoras externas, sobre todo en Cataluña, para que se hagan cargo incluso de programas de corte informativo.

Una situación degradada que desmiente toda voluntad regeneracionista del sanchismo.

El Mundo