EL ESCORPIÓN NACIONALISTA

Nunca entendí por qué tuvo éxito el rumor infundado de que los vascos eran unos ceporros que solo sabían levantar piedras y cortar troncos  por contraposición a los catalanes, ejemplo de gente con sentido común, laboriosa, pactista y tolerante.

Hace tiempo que la historia  les quitó la razón a los defensores de esa tesis,  porque las salidas de cauce de los independentistas catalanes vienen de antiguo y su creencia de que poseen el gen hereditario de la superioridad, es una de las estupideces enciclopédicas más veces desmentida.

Sin embargo los nacionalistas vascos del PNV  después de haber dejado  que los terroristas de ETA  moviesen las ramas del árbol  porque así ellos recogían las nueces sin hacerle demasiados ascos  cuando pegaban en tiro en la nuca, aprendieron del fracaso del plan Ibarreche,  y tomaron la decisión de caminar hacia el mismo objetivo de forma más civilizada y ladina.

Hoy Euskadi  una de las comunidades más prósperas de España,  y con su sentido del pacto   con la derecha del PP o con lo que sea el Psoe de Sánchez, están obteniendo sin hacer demasiado ruido cotas de competencia cada vez mayores, pero esa actitud no debe llevar a engaño a nadie porque, según me decía hace unas horas un político vasco, “los nacionalistas  son como el escorpión. En su naturaleza llevan la necesidad de clavarte el aguijón e inocularte su veneno, y si te fías demasiado de ellos en algún momento lo hacen”.

En cualquier caso ya han conseguido abducir a los socialistas vascos  y existen síntomas que indican que llevan camino de  hacer la misma operación con los del PP.

Los actuales dirigentes de la derecha  no nacionalista allá arriba están buscando una nueva identidad y quieren ser reconocidos como patriotas vascos. Ignoro si la estrategia les resultará electoralmente beneficiosa pero intuyo que por más que alguno de ellos  reivindique como mérito diferencial en relación a otros compañeros de partido que durante años tuvo que llevar escolta , se están equivocando de enemigo y pueden acabar siendo un reducto político sin importancia, porque los votantes nunca eligen marcas blancas.

Un partido que tiene implantación en todo el territorio nacional debe sostener una cierta coherencia en su discurso y no equivocarse de rival político, ni mucho menos convertir en enemigos a sus compañeros  de siglas, porque si el criterio es hacer guiños y disfrazarse de lo que no se es para conseguir pactos, ésa es una experiencia que conocer perfectamente el Psoe  que gobierna con socios tan indecentes como Bildu.

La coherencia es frágil y se rompe fácilmente cuando empiezan a molestar otros compañeros de partido que también estuvieron amenazados por ETA y ahora resultan molestos.

Diego Armario