EL ESTADO ES ÉL

Sánchez no reflexiona. La imagen de ayer en el Palacio de la Moncloa demuestra que su rectificación sobre la Fiscalía era solo táctica. En realidad, dijo la verdad cuando se invirtieron los papeles y el propio Sánchez le preguntó a su entrevistador de quién dependían los fiscales. La posterior rectificación, echándole la culpa al cansancio, no ha colado.

Si hay que mantener informado al presidente en funciones del despliegue de seguridad en Cataluña y en el resto de España, basta con despachar la cuestión en reuniones rutinarias propias de su responsabilidad. Pero Sánchez televisa y solemniza esta imagen, el día de reflexión, para que el marco mental de que solo él puede ser el presidente del Gobierno se mantenga vivo. Su cara en el debate fue el espejo del alma de las encuestas: Sánchez miraba a los papeles y hacía garabatos. Si obtiene menos escaños que en abril alguien va a pagar los platos rotos en su alrededor. Él le echará la culpa a otro.

La convocatoria de elecciones para hoy fue una irresponsabilidad. Podía haber hecho el intento de investidura un mes antes. Pero escogió julio y no junio, a sabiendas de la fecha aproximada de publicación de la sentencia del proceso separatista, y que había que dar tiempo al Tribunal Supremo para que le autorizara a montar un espectáculo con el cadáver del dictador.

Como en Francia, Sánchez ha optado por alimentar al partido que ofrece resolver por las malas, es decir, por la vía fácil, los problemas complejos de España. No queda rastro del socialismo en el país vecino, que ha sido barrido por el nacional-populistas de la ultraderecha al que alimentó. En el debate, Sánchez hizo de portavoz de Abascal llamando al PP «derechita cobarde» mientras el líder de Vox sacaba pecho citando a un fundador de la Falange.

Si hacemos caso a las encuestas, volveremos a votar en abril. Sánchez batirá un récord como presidente en funciones y como el jefe de Gobierno que se mantuvo más tiempo sin ganar una votación de investidura.

Su mandato, iniciado en una moción de censura, se apoya en la frase de una sentencia que ya veremos si el Tribunal Supremo acaba echando abajo, tras el varapalo de la propia Audiencia Nacional al juez que la escribió por opinar sobre hechos que ni siquiera se han juzgado.

Sánchez se ha acomodado y volverá a esperar. Su «no es no» a Rajoy en diciembre de 2015 inició una etapa de bloqueo y colapso que le mantiene como único sucesor de si mismo.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )