Woody Allen no es santo de mi devoción, pero cuando hacía películas que tenían gracia, una de ellas fue Bananas. Parodia de la revolución cubana y los acomplejados progres occidentales, a un cierto punto el dictador del nuevo estado, fruto de la Revolución, empieza a desvariar y a sacar leyes demenciales. Una de ellas establecía que todos los ciudadanos menores de dieciséis años, a partir de ese momento, tenían dieciséis años.

Esa ley no es exactamente igual, pero se le parece muchísimo, a una ley que considera mujer a toda aquella persona que se defina mujer, y hombre a todo aquél que se defina como tal.

No es una coincidencia que los revolucionarios del Estado Libre de Bananas fueran marxistas, ni que al dictador se le fuera la olla como se dice vulgarmente. El desprecio por la realidad es el mismo y al progresismo, izquierda cultural o marxismo cultural, se le ha ido la olla hace mucho tiempo.

Siendo su pecado original, su íntima naturaleza, la negación de la realidad y el delirio de omnipotencia sobre ésta, era sólo cuestión de tiempo que explotara y rompiera todas las barreras la sinrazón que siempre ha llevado dentro.

Lo que está pasando no es un exceso, una desviación o una locura pasajera; son las consecuencias lógicas y últimas de su desprecio por el mundo real, su delirio liberticida por imponer una camisa de fuerza a la realidad, por deformar el lenguaje y las mentes a través del lenguaje.

Imponer por ley que un individuo con genitales masculinos y no tiene aparato gestante sea una “mujer” porque así lo dice; que un individuo con sistema reproductor femenino y capaz de gestar sea considerado “hombre” porque así lo desea, es exactamente lo mismo que establecer por ley que lo blanco es negro.

Max Romano ( El Correo de España )