EL ESTADO NO ES DUEÑO DE LAS CONCIENCIAS

Al Gobierno de coalición progresista le han bastado cinco días para dejar claro que su línea de actuación será la de aplicar un rodillo político e ideológico con una indisimulada doble vara de medir. En lo institucional, intentando anular la separación de poderes, condicionando la labor de control al Gobierno por parte del Legislativo y colonizando instituciones judiciales como la Fiscalía General.

En lo político, torpedeando las iniciativas de los ejecutivos autonómicos gobernados por el PP y Cs, como demuestra la intervención de las cuentas andaluzas, con la intención de impedir la anunciada rebaja fiscal, tan opuesta al programa de Sánchez.

En lo ideológico, finalmente, imponiendo un criterio invasivo sobre los ámbitos privados del individuo, con la superioridad moral acostumbrada en determinada izquierda sectaria. Porque con la amenaza de interponer, en tiempo récord, un recurso contra el llamado pin parental, aprobado por el Ejecutivo de Murcia, el Gobierno demuestra que mientras necesita meses de «estudio» para recurrir dos resoluciones del Parlament a favor del derecho de autodeterminación -aprobadas en noviembre por sus actuales socios independentistas- en apenas 24 horas se actúa contra una iniciativa educativa, que no hace sino responder a la demanda de muchas familias, en virtud de una razonable autonomía de los padres para evitar el adoctrinamiento de sus hijos.

Es cierto que el desafortunado nombre elegido y la manera en la que ha sido presentado, el pin parental no es admisible. Porque aunque no responde más que al deseo de los padres de estar informados sobre contenidos con las identidades de género para autorizarlos o no, en la práctica generaría una inviable educación a la carta sobre materias que están dentro del currículo escolar y son obligatorias para todos los alumnos.

Sin embargo, con la escenificación de tres de las ministras más ideologizadas al final del Consejo de Ministros, el Gobierno adopta una actitud escasamente liberal en defensa de la libertad de conciencia, para situarse en posiciones ideológicas que nos retrotraen a regímenes felizmente superados, que defienden la preeminencia del Estado sobre el individuo.

Sólo en ese sentido puede interpretarse la alarmante afirmación de Celaá de que «los hijos no pertenecen a los padres».

El Mundo

viñeta de Linda Galmor