Lo del «apreteu» de Quim Torra lo mismo vale para empujar a los CDR hacia donde señala la hoja de ruta del separatismo que para apurar un tetra-brick de vino y sacarle todo el jugo a la botellada.

Amigo de la juventud enmascarada, mártir y modelo de la desobediencia y embajador de la transgresión, el presidente catalán quiso ayer ponerse serio -dentro de sus posibilidades, muy autolimitadas- y darle un pellizco de monja en biquini a los muchachos que hacen fiestas en la playa y ejercen su derecho a decidir dónde emborracharse. Las fronteras, según el croquis del procés, se las pone cada uno.

A los niñatos que se juntan en la Barceloneta les regaña Torra con su paternalismo de garrafón y a los curas que rezan por los muertos de la pandemia les abre una investigación por montar en la Sagrada Familia una misa a la que el pasado domingo acudieron más de diez fieles, por encima del aforo estipulado por el Procicat.

Experto en tetra-bricks y estímulos juveniles, Torra no se ha enfadado, ni mucho menos, por lo del vino de consagrar, blanco y en botella. Fue por la homilía, en la que monseñor Omella no dijo ni mu de los «presos políticos» ni de la represión del aparato del Estado, como manda la tradición litúrgica de la república de Carles y Quim.

Si los Mossos están mayormente en Cataluña para facilitar los apretones de los CDR y envainarse la porra en las manifestaciones, los curas tienen como primera misión pastoral quejarse desde el púlpito de las apreturas que sufre el pueblo elegido y oprimido. Puigdemont califica en TV3 de inaceptable la postura del arzobispo Omella y acto seguido Torra le manda a los guardias.

En el pecado lleva la penitencia la Iglesia catalana, a la que ahora exige obediencia un condenado por desobediencia. Solo en la China de Xi se puede encontrar un caso similar de perversión y sometimiento de la jerarquía católica al poder totalitario de un régimen político.

La disidencia de Omella, decidido el domingo a rezar exclusivamente por los muertos del Covid-19, abre en el clero catalán una esperanzadora vía de expiación, precisamente en la Sagrada Familia, para regenerarse y volver a comulgar con el Evangelio.

No es Torra su enemigo, sino los curas que habían perdido el oremus y metido en el misal el canto solemne, coral y cómplice del apreteu, blanco y en caja de cartón.

Jesús Lillo( ABC )