ERC lanzó la paradójica idea de armonizar la fiscalidad de España para castigar a Madrid, cuya economía hace tiempo que dejó atrás a la catalana; Ximo Puig le tomó la palabra, hablando incluso de un ‘procés’ en la comunidad que gobierna Isabel Díaz Ayuso, y ayer fue el ministro de Seguridad Social el que aplaudió el plan del presidente valenciano, que pasa por crear un delirante impuesto, presuntamente compensatorio, para las rentas altas de la Comunidad de Madrid, región que ha demostrado que se puede recaudar más bajando la presión fiscal de los contribuyentes y cuyo éxito económico ha generado una desacostumbrada ola de patriotismo y solidaridad territorial en las filas del separatismo.

La ‘armonización’ que vende el Gobierno y que ayer reactivó José Luis Escrivá no es más que la confesión de un fracaso y el reconocimiento implícito de que las recetas liberalizadoras generan más riqueza y bienestar que un intervencionismo, fiscal o empresarial, al que Madrid deja en evidencia

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