La intención liberticida de una clase política deleznable durante esta oscurantista pandemia, resulta ser tan característica como los  surrealistas bailes de los sanitarios por Internet. Aquí hay gato encerrado.

Nuestros héroes antes no pueden ser tan villanos ahora, mostrando una espeluznante insensibilidad después  de haber padecido España una matanza protocolaria de decenas de miles de indefensos ancianos, entre ellos nuestros padres.

Tanto baile resulta extraño y conlleva un impacto anímico que indigna a la población, con una actividad ociosa que contrasta con la supuesta masificación de los hospitales; aún más extraño cuando abundan vídeos probatorios de una nula actividad hospitalaria, además denunciada por médicos que advierten sobre el engaño de la Covid 19 actual.
Todo es pandemia, cualquier dolencia, enfermedad y muerte, cuando los bailes Tik Tok se multiplican… A la vendida Antena 3 la pillaron en un renuncio sobre una inexistente saturación de actividad en los tanatorios. 127 millones de euros compra la voluntad de mucha carroña sin moral ni decencia.
¿Qué está pasando? Se sabe que los sanitarios han recibido órdenes estrictas para no hablar sobre las realidades hospitalarias, y las han podido firmar bajo amenazas de complicarse la vida, laboral también, si incumplen el hermetismo informativo al que han sido obligados por no se sabe qué oscurantista y criminal trama global.
Ante la evidencia, la sospecha quedó atrás, de que algo muy raro está sucediendo y de las amenazas a los sanitarios, puede que se hayan puesto de acuerdo para advertir de una situación de alarma pandémica inexistente. La proliferación de tan laboriosas y ensayadas coreografías podría ser una manera de mostrar la farsa actual del coronavirus cuyos estragos, después del ataque en marzo de un virus de laboratorio chino, son el pretexto liberticida contra los derechos elementales de los manipulados ciudadanos.
Enmudecidos con la amenaza, no han encontrado mejor modo de advertencia que bailar frente al apocalíptico complot. O eso o no hay alma. Prefiero apostar por ellos y la conciencia social bajo coacciones.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )