EL FACTOR HUMANO

Pincho de tortilla y caña a que Puigdemont no responderá ni sí ni no a la pregunta del primer requerimiento del Gobierno. Si niega haber declarado la independencia de Cataluña saltarán sobre él sus compañeros de viaje de la ANC, de Òmnium, de la CUP, de ERC, incluso algunos del ala dura de su propio partido, y dejarán su encarnadura política convertida en un ecce homo. Cuando el presidente catalán puso rumbo a un lugar destacado en la historia no pensaba en el de «caganer» del belén de la República. Y si admite abiertamente haberla proclamado cercenará de raíz el debate abierto en un sector de la antigua Convergencia, que aún busca salidas ingeniosas para salir del atolladero.

Son estos ingenieros de minas, los topos que escarban vías de fuga debajo de la tierra prometida, quienes han llevado al ánimo de Rajoy, y también al de Sánchez, la duda razonable de que la respuesta que tramite el presidente catalán permitirá dejar en suspenso la espada de Damocles del 155. De ahí el optimismo que planeaba el jueves sobre los corrillos sibilantes del Palacio Real. La credulidad gubernamental, tantas veces dejada en ridículo por la obstinada contrariedad de los hechos, volvió a dar pábulo al sueño rajoyesco de que se puede lograr la rendición del adversario sin necesidad de disparar un solo tiro.

Ya veremos, cuando el culebrón llegue a su desenlace, cuántas veces ha pecado de bisoñez don Tancredo de La Moncloa. Lo hizo al creer que no habría leyes de desconexión. Lo volvió a hacer cuando pensó que no habría convocatoria colegiada del referéndum. Insistió en el error al prometerle a los ciudadanos que las urnas no llegarían a los colegios electorales el 1-O. Reincidió por cuarta vez al pronosticar que no habría declaración de independencia. Y ahora que la ha habido –«no se puede suspender una declaración que no existe», dijo Iceta haciendo gala de un impecable sentido común-, corre el peligro de pifiarla por quinta vez con el pronóstico de que habrá rendición en el último minuto.

 Los datos objetivos que se han ido conociendo en las últimas horas no van en esa dirección. La ANC pidió el jueves por la noche que se levantara la suspensión de la declaración de independencia y que se implementara la ley fundacional de la República. Poco antes, Òmnium había amenazado con convocar otro «paro de país» si no se respetaba la voluntad del pueblo. Después, el portavoz de ERC conminó a Puigdemont a que respondiera que sí a la pregunta de Rajoy. Por último, la CUP formuló ayer la misma demanda. «No entenderíamos -le dicen por carta al presidente catalán- que la respuesta al requerimiento no respetara los términos del mandato popular que usted asumió el martes pasado».

¿Es razonable pensar que la parte bizcochable del PDeCAT podrá doblarle el brazo al conjunto del pasaje que compró billete a la independencia? Los que se dicen bien informados piensan que hay fuerzas ocultas que insuflarán en Puigdemont suficiente testosterona para traicionar a los suyos sin pestañear.

Yo, que soy uno de los pigmeos que ignora lo que se hornea entre bambalinas, creo que los designios de la historia suele marcarlos el factor humano. Las razones raramente pueden más que los temperamentos. Están los que son proclives a rendirse y los que forjaron la leyenda del Álamo. Pero no nos confundamos. Ni Puigdemont es el defensor de Breda ni Rajoy recuerda a David Crockett.

Luis Herrero ( ABC )

viñeta de Linda Galmor