Muchos se escandalizan cuando lideres de izquierda los llaman fascistas; estoy seguro de que si les preguntásemos que es lo que les ofende tanto de que les llamen así –la palabra maldita– contestarían algo como: “yo no cometo delitos de lesa humanidad ni soy racista”.

En este sentido el logro de la propaganda izquierdista ha sido efectivo: a golpe de dialéctica relativista ha logrado banalizar un término hasta el extremo de que hoy su contenido se reduce a reaccionario. Cuando la izquierda le llama a usted fascista simplemente se está refiriendo a que usted reacciona en contra de la conquista del estado por fuerzas marxistas, y en ese sentido puede estar tranquilo, la mayoría de la población lo hace, lo que para ellos –los comunistas– le convierte a usted y a los demás en fascistas-reaccionarios de manual.

El problema es que lo de reaccionario queda feo y lo de fascista va más a juego con la coreografía de los derechos humanos y esas cosas que todos nos parecen sublimes en las resoluciones de la ONU –o que nos van a tener que parecer por ley– y arcaicas cuando las leemos en los Santos Evangelios.

El problema de estos comunistas postmodernos es que en realidad son unos puretas y se han creído que la gente todavía no sabe leer; es una fea costumbre que tiene la izquierda española, la de tratar a todo el diferente como un incapacitado, hacerle leyes a medida que lo excluyan de la sociedad o en su caso de la legalidad vigente. Pero el pueblo llano está más formado que nunca y tiene acceso toda la información posible.
Si bien en las élites se presenta un falta de intelecto que salta a la vista, en especial en la clase política, hay una buena parte de obreros bien formados y que no compran un discurso para inválidos; gentes dueñas de su destino y autónomas en su credo y patrimonio. ¿que peor para la izquierda que un pueblo obrero sin necesidad de que unos tipejos y mujeronas les digan hasta como tienen que hablar? ¿a quien van a vender ahora sus soflamas? ¿quien va a requerir sus servicios?.
Esa izquierda que nació de Carlos Marx se terminó en los años 70, y lo de ahora son los últimos intentos de unos vejestorios que se resisten a abrir la puerta a los debates de la nueva era, por que esos debates y ese tiempo nuevo solo podrá hacerse por gentes formadas en disciplinas humanas con el máximo rigor, y eso les va a excluir para siempre de la política en el mundo civilizado.
Si la izquierda ve fascistas-reaccionarios por todos lados es por que empieza a entender que sus privilegios penden de un hilo muy fino, y algunos que creerse Lenin en siglo XXI ha sido tan disparatado como su modo de vivir; estos que comenten anacronismos en su vida personal son los mismos que quieren obligarnos a estudiar su versión de la historia… es para echarse a llorar y no parar.

Estas personas viven ya no una realidad diferente a la que vivimos los que estamos en el barro: currando a destajo o dejándonos los mejores años de la juventud para ganarnos un puesto de trabajo, es que viven un delirio constante; ese delirio que les hace ver en las abuelas que inundan los actos de Vox escuadristas de las SS y en los malhechores que les lazan adoquines simpáticos pacifistas.

Pero que nadie se confunda, esto tiene un nombre, se llama psicosis, y consiste precisamente en eso, en tener visiones delirantes, escuchar voces, sentirse perseguido y amenazado, síntomas claros de esquizofrenia ¿y que hace una izquierda esquizofrénica?

Pues campañas electorales esquizofrénicas como la que lamentablemente hemos tenido que ver estos días en Madrid. ¿que es el fascismo del siglo XXI? ¿las abuelas de Vox y la carta de una enfermo mental? En fin, al final tendremos que darle la razón a la presidenta de la comunidad de Madrid cuando dijo eso de que si le llaman fascistas es que está usted en el lado bueno de la historia.

¿que haremos con izquierda tan totalitaria y faltona? Por lo que parece tampoco tenemos que hacer mucho, visto lo visto con dejarles que hagan lo que hacen es suficiente.

El punto de degradación moral, espiritual e ideológica de la posmodernidad es tal que ya solo queda ver el espectáculo de como cae por si misma, y eso amigos es lo que gracias a Dios estamos viendo en el presente, tienen tan poco que ofrecer que ya hasta se largan por si mismo, a ver si tenemos suerte y cierran la puerta al salir.

Carlos Ferrández López ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor