Si alguien ha abandonado a la mujer como símbolo político utilizado a placer como argumento electoral, esa es la izquierda.

Hace años fabricaron un feminismo de salón, criminalizaron a todo aquel que discrepase, que solo por eso era tildado de machista, cuando no de fascista.

Eran los buenos tiempos en que el PSOE, Podemos y organizaciones que ahora solo viven de la subvención repartían credenciales de buen o mal feminista.

Hasta que llegaron al Gobierno y todo se hizo añicos. Los socialistas rompieron con los podemitas, y estos a su vez se fracturaron entre sí.

Aquel idilio del 8-M ya no existe. No es el lema del ‘No a la guerra’ lo que les divide. Esa es solo una excusa.

No se ponen de acuerdo en leyes relevantes, no creen en la legislación del Gobierno sobre la mujer y, sobre todo, muchas organizaciones han dicho a la ministra de Igualdad que no les representa.

El 8-M era una fiesta icónica. Hoy la izquierda prefiere dejarla en una hoja más del caldendario, no vaya a ser que quede más en evidencia.

ABC