¿ EL FIN DE CIUDADANOS ?

Me alegró, como creo a bastantes españoles, la entrada de Ciudadanos en la escena política. Las razones eran varias: Los grandes partidos acusaban desgaste de materiales, los nacionalismos se tornaban separatismos, una crisis económica nos había puesto al borde de la bancarrota y en la extrema izquierda surgía un partido con todas las lacras de marxismo-leninismo, sin haber aprendido la lección del fracaso soviético.

Ni el PSOE ni el PP, con serios problemas de corrupción, parecían capaces de regenerar el sistema sin destruirlo. Sólo podía hacerlo alguien nuevo, ya que Podemos y los nacionalistas buscaban hacer tabula rasa.

Ciudadanos reunía las condiciones. Gente joven, comprometida con España, partidaria de la economía de mercado y del Estado social de Derecho, no prometían la felicidad, sino el respeto a la ley, al individuo y a la sociedad en su conjunto.

De hecho, el régimen liberal en su estado más desde el centro político. Provenían de Cataluña y de la UPYD de Rosa Díez, aunque se les añadieron de forma creciente desilusionados con el PP, hasta casi alcanzarle.

Fue cuando cometieron el gran error: el éxito se le subió a la cabeza a Albert Rivera y en vez de formar la gran alianza del centro-derecha, decidió arrebatar al PP el liderato de la oposición. Olvidando que los liberales luchan por los principios más que por el poder y que el PP seguía teniendo una reserva notable de votos en la España interior.

El resultado fue que ambos salieron derrotados, Cs el que más, pasando de 57 a 10 escaños y obligando a Rivera a dimitir. Que en la otra esquina de la derecha hubiese aparecido otra rama más beligerante y menos liberal sólo ha aumentado sus problemas.

Y siguen aumentándolos cuando, para corregirlo, inician una aproximación al PSOE, en busca del centro perdido. Sin darse cuentas de que el PSOE ya no es el de antes, sino socio de Podemos y todo indica que aceptado sus objetivos económicos y políticos.

Es decir, que esa foto del Edmundo Bal, portavoz de Cs en el congreso con miembros del gobierno con Carmen Calvo al frente para coordinar estrategias, muestra que están traicionando, no ya al PP, sino al código liberal de donde proceden, cuya máxima norma es la libertad de individuos e instituciones. anatema para el comunismo.

Es verdad que la traición en política no es pecado si conduce al éxito, pero difícilmente conducirá a Cs si pacta con un gobierno donde comunistas e independentistas tienen mucho más peso. Puede que necesiten sus diputados para los presupuestos, pero habrán perdido su virginidad liberal y quedarán marcados para siempre como saltimbanquis oportunistas, de los que no puede uno fiarse.

Para eso, nos basta y sobra Pedro Sánchez. ¿Será ése su final? Dependerá de que Inés Arrimada se deje llevar por los falsos liberales que sólo piensan en un puesto en la coalición montada para devolver España a la Edad Media con sus Taifas, reyezuelos y guerras intestinas.

En las próximas elecciones, ni un escaño.

José María Carrascal ( ABC )