EL FRACASO DEL ENTENDIMIENTO

Hoy se consuma en las Cortes un flagrante fracaso. Es, nada más y nada menos, que el fracaso de un pilar fundamental en el armazón de toda sociedad plural: el fracaso del entendimiento. Un fracaso nato en la incapacidad de un Congreso que, incumpliendo su mandato de representación popular, no ha cristalizado la voluntad de la ciudadanía en la formación de un Gobierno.

Y un fracaso que tiene por protagonistas a una generación política que llegó a las instituciones para librarlas de los vicios -eso mantenían- de los viejos líderes, pero que se perdieron por el camino entre sus cuitas personalistas sumiendo a España en el periodo de mayor ingobernabilidad de su historia reciente. Hoy, por cuarta vez en cuatro años, el Parlamento se disuelve.

Y nuestra clase política, carente de cualquier atisbo de autocrítica, vuelve a emplazar a los electores a las urnas para transferirles su irresponsabilidad y que intenten solucionar un bloqueo parlamentario que debiera ser inexistente si se respetaran las reglas elementales del juego político.

La factura de mantener la parálisis nacional durante tanto tiempo es abultada. Ahí está, por ejemplo, el coste puramente económico, traducido en una pérdida de riqueza de dos décimas del PIB y 200.000 empleos que se han dejado de crear desde que en 2015 se fragmentó el mapa político.

Pero va mucho más allá. La inexistencia de consenso obstaculiza la aprobación de unos presupuestos acordes a la coyuntura actual, entorpeciendo la implementación las medidas que exigen los retos domésticos y globales que debe afrontar España: desde prepararse para las consecuencias del Brexit y la guerra comercial al reforzamiento de un sistema productivo cuyo sostén (el turismo, la industria, el automóvil…) necesita una reconversión que no llegará sin un plan de acción público.

 Se han perdido cuatro valiosos años de trabajo porque la temporalidad de los gobiernos, su anormal funcionamiento, tiene como peligrosa derivada que los líderes políticos no piensen en el futuro del país, sino en el suyo propio, viviendo en una eterna burbuja de campaña.

Así naufraga una y otra vez el pacto de Toledo mientras el sistema de pensiones se aproxima al abismo o los servicios básicos de los ciudadanos se ven afectados ante la utilización torticera de la financiación autonómica por parte del Gobierno en funciones.

Se podrá decir que a esta situación ha contribuido la versión más calculadora de Pablo Iglesias, que Albert Rivera ha podido pecar de contemporizador o que Pablo Casado se ha mantenido en su papel de líder de la oposición.

Pero el máximo causante del fracaso no es otro que Pedro Sánchez. Él, como le dijo en su día a Mariano Rajoy, tenía el encargo de conseguir los apoyos para su investidura.

Pero, cegado por su leitmotiv del todo gratis, la realidad es que no ha querido pactar ni con la izquierda ni con el centro derecha. Este bloqueo es fruto de su irresponsabilidad.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor