EL GOBIERNO, A BOFETADAS

En lo único que no mintió Sánchez a los españoles fue en su preocupación por tener dos Gobiernos en uno si pactaba con Podemos porque ello le quitaría el sueño. Han transcurrido dos meses desde que se formó el Ejecutivo, y los ministros ya andan a bofetadas exhibiendo sus diferencias.

Primero fue hace dos semanas a cuenta de la pretensión del PSOE de restringir el derecho de asilo y de mantener las expulsiones «en caliente» de inmigrantes, reguladas precisamente por lo que la izquierda denominó en su día como «ley mordaza del PP».

Ahora, el PSOE no solo asume esa ley como propia, sino que además le está enfrentando a su socio de Gobierno. Lo mismo ha ocurrido con la denominada «ley de libertad sexual», una norma propagandística con la que Podemos quiere cubrir la vacuidad de sus ministerios a costa de Sánchez, y apropiándose de un concepto sectario, excluyente y anacrónico del feminismo.

La ministra Irene Montero tenía la obsesión demagógica de que esa norma -cuya propia denominación invita a pensar en la sandez de que España se halla en una situación de esclavitud sexual- se aprobara antes del 8 de marzo, día internacional de la mujer.

Para ello, su departamento, en los ratos libres que le deja la celebración de cumpleaños y festejos a mayor gloria de su ministra, ha diseñado una «no ley». La «normativa» es un compendio de generalidades, inconexiones gramaticales, ideas sin lógica, reiteraciones de normas ya vigentes y, sobre todo, imposiciones jurídicas probablemente inconstitucionales redactadas con una técnica legislativa infantil.

Y cuando ministros del PSOE más duchos en la elaboración de leyes, y con bastante más sentido común que el analfabetismo legal demostrado por Podemos, han tratado de corregirla, han sido acusados de «machistas». Obsérvese además la contradicción de cómo la ministra Montero ha preferido no defenderse por sí misma, y dejar esa responsabilidad a Iglesias, que aúna la triple condición de vicepresidente, hombre, y pareja de Montero.

Podemos está ganando la batalla por la imagen dentro del Gobierno. Basta con tildar de «machista» al ministro socialista de turno para lograr titulares y arrinconar a La Moncloa. Sánchez ya sabía que Podemos iba a ser tóxico dentro del Gobierno. Ahora, además, lo sufre.

De hecho, Iglesias parece mantener una agenda exterior paralela a la del propio Sánchez: dirigentes podemitas ofenden a Marruecos, coartan al PSOE respecto a Venezuela, se citan con dirigentes de Evo Morales para cuestionar al Gobierno de Bolivia… Incluso, Iglesias se permite marcar territorio propio en el CNI, o con la indemnización a la familia Couso.

Podemos no es solo un partido de eslóganes cínicos y contrarios al elitista modo de vida de sus dirigentes. Es la semilla del comunismo en el seno de un Gobierno que está secuestrando Iglesias con leyes inútiles y tics autoritarios.

ABC