El Senado rechazó ayer más de 700 enmiendas de los grupos de la oposición y consumó su tropelía contra el sistema educativo.

La «ley Celaá» entrará en vigor próximamente con su ataque al español como lengua vehicular y con las bases para la desaparición de la educación concertada.

El adoctrinamiento se impondrá en las aulas al capricho de una izquierda a la que no le preocupan ni la opinión de millones de familias para el futuro de sus hijos ni la formación de los propios alumnos.

El Gobierno no quiere libertad, sino sometimiento ideológico a cambio del apoyo de separatistas y nacionalistas a sus presupuestos.

Concebir la educación como peaje político para sobrevivir en La Moncloa es un error que pagarán las generaciones que vienen.

Solo el PP y Vox han tenido la dignidad de plantar cara para impedir la aprobación de la «ley Celaá», y resulta incomprensible la posición del PNV. La educación es una cuestión de libertad, no de dogmatismo.

Por eso el Gobierno se ha empeñado en aplastarla.

ABC