EL GOBIERNO DE LAS RECTIFICACIONES JUEGA CON FUEGO

Desde que la economía ha comenzado a ofrecer síntomas inquietantes, el Gobierno se ha empeñado en limitar sus efectos tras parapetarse en la autocomplacencia de la recuperación. Es evidente que ni España ni el conjunto de la Unión Europea atraviesan una coyuntura similar a la crisis de hace una década, pero resultaría un ejercicio de supina irresponsabilidad frivolizar con los datos que aconsejan no abandonar la senda reformista.

Éste es el principal motivo por el que las continuas rectificaciones de Pedro Sánchez y sus ministros, especialmente en lo tocante a la política fiscal, no solo contribuye a erosionar -aún más- la debilidad gubernamental sino que alimenta la inseguridad y la incertidumbre, justo los dos peores enemigos del crecimiento económico.

Por muy intrincado que esté siendo su enjuague presupuestario con Podemos, no es serio ni sensato que el Gobierno amanezca cada día con una ocurrencia nueva, por ejemplo, en una materia tan sensible como es la tributación de ciudadanos y empresas. Sánchez parece estar dispuesto a incrementar la presión fiscal en aras de financiar un volumen de gasto social suficiente como para allanar su campaña electoral.

Si esta decisión ya es de por sí temeraria para el rumbo económico, aún lo es más que vaya acompañado con una ruleta rusa de anuncios en los que se amenaza con subir los impuestos tanto a las clases medias como a los ricos, de los que el presidente Sánchez ha llegado a decir que «no pagan el IRPF». No sabemos qué puede resultar más nocivo: si la ignorancia o a la voluntad de atornillar la fiscalidad con una gravosa carga para la banca, el ahorro y las transacciones.

Por ello, nos parecen muy atinadas las advertencias que lanza hoy en EL MUNDO John de Zulueta. El presidente del Círculo de Empresarios pide a Sánchez que convoque elecciones ya por la falta de apoyos parlamentarios, fía el cumplimiento del déficit al 3% solo a la vocación europeísta de la ministra Calviño y advierte de las onerosas consecuencias que tendrá la escalada en el precio del petróleo, el frenazo del turismo y una eventual subida de los tipos de interés.

Ciertamente, los indicadores adelantados constatan una desaceleración del crecimiento del PIB, lo que ha repercutido negativamente en las ventas minoristas y en grandes empresas, el índice de producción industrial y el déficit comercial. Sin embargo, el Gobierno no parece tomarse en serio estos nubarrones.

En lugar de profundizar en la senda de la consolidación fiscal y acometer las reformas pendientes, muestra su ansia por volver al derroche. España no puede gobernarse a salto de mata. Sánchez juega con fuego si se empecina en minimizar los preocupantes efectos de un enfriamiento de la economía que no se corregirá con un alza fiscal.

El Mundo