EL GOBIERNO DE LOS NECIOS

Lo que los moralistas, anteriores y posteriores a Cristo, llaman Mal es, en realidad, la naturaleza de la política española que, intelectualmente, se nutre de los gérmenes intestinales del cretinismo globalizado, cuyo síntoma pandémico es esa forma de tolerancia, peor que la sífilis y la locura, que nos conduce a aceptar disciplinadamente el gobierno de los necios siempre, eso sí, que haya surgido del último reducto de nuestro respeto colectivo: la democracia ¡Qué digo respeto!, veneración talmúdica a todo lo que salga, sea lo que fuere, de los templos de la idolatría democrática: las urnas.

Todo el mundo democrático ha perdido su posesión más valiosa, el carácter; pero hemos edulcorado esa pérdida con el trágala de las cualidades taumatúrgicas de la democracia, tal y como los prusianos llevaron ad absurdum su veneración a la disciplina hasta el punto que las demás naciones germánicas, entre bromas y veras, decían de ellos: “Un prusiano observa el reglamento al pie de la letra, cuando una bala le parte el pecho, antes de morir, acude siempre a dar su parte de baja”.

Un virus pandémico nos está partiendo el pecho, y la incuria de un gobierno necio nos hace convivir con la muerte hurtándole a los héroes de la medicina los recursos y el equipo primordial para combatirla, para vencerla, porque su única prioridad, no confesa pero sí evidente, es volver a ganar unas elecciones que son el respirador de su supervivencia política.

Esa es su única regla de cálculo. Y no se equivocan porque saben que el pueblo español llama a la democracia como una plegaria que pide respuesta. Lo de menos es la calidad y la cualidad de la respuesta, lo importante es la respuesta en sí misma, independientemente de que sea Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Pablo Casado.

Hay otras respuestas, claro. Por ejemplo, cuando los pueblos del Ilírico, de Panonia y de Dalmacia se sublevaron, hartos de las vejaciones a las que los sometían los gobernadores romanos, uno de sus caudillos le dijo a Tiberio: “No habéis mandado a gobernarnos a un pastor sino a un lobo”.

Buena respuesta, de nula calidad democrática, es cierto, pero buenísima respuesta. A nosotros el Imperio de la Democracia nos ha mandado a gobernarnos a una pandilla de necios incompetentes conjurados en las urnas. Y no respondemos. Como caricaturescos prusianos de la democracia pediremos perdón si el Coronavirus nos impide ir a votar.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )