Durante 1793 Robespierre impuso el Terror en Francia para salvaguardar la Revolución Francesa.  Los cargos falsos en juicios amañados sirvieron para eliminar a sus opositores políticos y represaliar a todo disidente, aristócrata o no.

En el proceso contra María Antonieta incluso se la acusó de mantener relaciones sexuales con su hijo el delfín, Luis XVII. Naturalmente la denuncia era falsa, pero daba igual, porque lo importante era la realidad que preocupaba a los revolucionarios que no era otra que impedir que la monarquía regresase.

Ese es exactamente el mismo criterio que ha defendido Marlaska y Pedro Sánchez sobre la realidad que a ellos les preocupa, que no es otra que la ideología LGTBI. Que el discurso del odio que denuncian no exista es indiferente.

Los hechos dan igual, que la denuncia de la agresión homófoba en Malasaña haya resultado lo que popularmente ya se conoce como el bulo del culo, que no exista ningún tipo de banda dedicada a perseguir homosexuales, no sólo en Madrid, sino en toda España, que los delitos con móviles homófobos sean una anécdota, no impide que monten una manifa para imponer su discurso a toda la sociedad.

La manifestación contra la homofobia en realidad es una concentración de sans-culottes de la ultraizquierda que amenazaran con llevar a la guillotina a todo aquel que no se conforme con su ideología LGTBI.

Marlaska ha dicho que «tenemos un problema estructural de discursos políticos», ha dicho, «con declaraciones contrarias a la tolerancia y a la diversidad, donde se ponen en tela de juicio leyes que garantizan derechos y libertades».

Nuestro problema real es tener un Ministro del Interior sin escrúpulos al que no le importa la verdad con tal de satisfacer sus propósitos ideológicos. Lo que alarma es que un individuo como Marlaska haya llegado a acceder a la carrera judicial cuando le es indiferente que una denuncia sea cierta o falsa.

La homofobia no es preocupante en España, es que preocupa es tener un pequeño Robespierre como presidente del gobierno. Lamentablemente, a diferencia de los jacobinos, a nuestro Robespierre particular la unidad de la Nación se la trae al fresco.

Es decir, tenemos lo peor de toda la izquierda europea. La izquierda española es la más radical del continente, es la única izquierda que persigue la fragmentación de su Nación, pero además también es la más inepta y estúpida en la gestión económica.

En cuanto al criterio del culpar a VOX de los crímenes con móvil homófobo, por su discurso político, aceptarlo supondría culpar también a Podemos y el PSOE de las agresiones sexuales que cometen esos “migrantes” o del tercio de los delitos que se cometen en España y de los que son responsables ciudadanos extranjeros o inmigrantes nacionalizados, por su discurso en favor de la inmigración masiva y la no repatriación de los MENAS.

Tenemos en el poder a los enemigos de España y a los enemigos de la libertad, ese es nuestro verdadero problema.

Mateo Requesens ( El Correo de España )