A todos los efectos, si los presupuestos generales del Estado están diseñados sobre la base de que España crecerá al 9 por ciento y que el déficit será del 8 aproximadamente, todo falla por la base.

Nada cuadrará porque la previsión es evidentemente errónea.

Las cuentas elaboradas por el Gobierno parten de la tesis de que los cerca de 800.000 españoles aún inmesos en ERTE regresarán a sus empleos antes o después.

Por eso no se ha calculado una cantidad adicional de dinero que sufrague hipotéticos ERTE más allá del 31 de enero, lo cual es temerario.

Además, el incremento de la partida prevista para desempleo es de 25.000 millones, lo que significa que el Gobierno se hace trampas al solitario con unas cuentas sin pies ni cabeza.

El triunfalismo del Gobierno al dar ya por descontado el apoyo parlamentario suficiente está basado en un ejercicio de demagogia contable y, lo que es peor, en un engaño masivo cuestionado ya por demasiados economistas.

ABC