El gobierno socialcomunista de España, pronto Ex España, condenó  a la pena de destierro al Rey Emérito, don Juan Carlos I, a quien previamente la masonería había descabalgado de la Jefatura del Estado, alegando sus “grandes delitos”…

Posteriormente la propia fiscalía del PSOE no ha podido demostrar nada, o en algún caso se trata de hechos ya prescritos, o irregularidades fiscales que ya han sido corregidas y pagadas…, algo que el PSOE nunca hace, y sino recuerden la condena por la malversación de 860 millones de euros con los Eres andaluces, sin ir más lejos.

El  gobierno presionó a La Zarzuela, y un rey prudente –yo diría cobarde y timorato-, agachó la cerviz, y permitió que se echara al rey anterior, que además es su padre, de España, y de malas maneras.

¿Qué se ha conseguido con esto?

Pues en una hábil jugada de carambola, desprestigiar a la monarquía, disminuir su influencia en la sociedad española, y por ende, deslegitimar al rey actual.

Ahora retorna el Rey, y es recibido en loor de multitudes en Galicia.

Y, tal vez, no por sus méritos, sino porque la sociedad ya está harta de esta gentuza que nos desgobierna,  manipula todo, y tergiversa la realidad.

Pero la verdad solo es una.

Nunca he sido monárquico…, pero tampoco republicano, y más vistas las dos experiencias anteriores en la historia de España.

Lo que está claro es que en España no hay monárquicos, pero sí juancarlistas, como muy acertadamente dice don Jaime Peñafiel.

Y se está viendo estos días  en Sanjenjo.

La penúltima humillación consiste en “imponerle” al que cree ser el Rey de España, Felipe VI, que su predecesor y padre, repito, no pueda dormir en La Zarzuela, pues son “dependencias del Estado”.

Acojonante.

Mientras el presimiento -no es un error-, lleva cada año a la residencia real de La Mareta, en Lanzarote, (regalo a Juan Carlos I del rey Hussein, de Jordania, ya fallecido, y que éste donó al Patrimonio Nacional), de parientes, amigos, y de quien le da la gana, negándose, eso sí, a dar explicaciones, a pesar de la ley de transparencia que le obliga a ello, Felipe VI, no puede alojar en su casa a su padre…

Ni ir a La Mareta, supongo, pues ha sido okupada por Pedro Sánchez.

Pronto veremos al rey veraneando en un apartamento de alquiler o en un aparta hotel, haciendo la mofa y escarnio de todas las monarquías serias.

¡Increíble, pero cierto!

Recuerdo como Rajoy tenía en La Moncloa a su padre, ya de avanzada edad, posiblemente similar a la del rey emérito, y a todos nos parecía estupendo.

No podemos seguir utilizando la ley del embudo: estrecho para nosotros, y amplío para ellos.

¡Bienvenido, Majestad!.

Ramiro Grau Morancho ( El Correo de España )