No olvidemos los antecedentes del golpismo sin disimulo que practica el PSOE. El decreto ley ha sido usado arbitrariamente para desembocar en el miserable atentado contra el Estado de Derecho, después de provocar la ruina y debilitar a propósito la España democrática, ahora bajo un yugo de latrocinio sectario. De las raíces podridas crece el árbol socialcomunista que ahora da los frutos más ponzoñosos.
La siembra no fue casual y la garra que esparció el semillero de la discordia, es la influencia bolivariana con sucursal podemita. Los pagos del llamado Delcygate compraron voluntades políticas, según la embajada venezolana, para introducir, fuera de toda voluntad popular, al comunismo por la puerta de atrás de La Moncloa; por donde entra y sale la basura del desgobierno criminal de Pedro Sánchez.
Las estrategias golpistas y la demonización del proceso constitucional se pergeñaron como un plan que se cumple hasta las últimas consecuencias delictivas. De ahí el asalto al Poder Judicial, a imagen y semejanza del gorila rojo Chávez en el 2004, pretendiendo la impunidad de la corrupción socialista en pleno y de sus tabernarios socios.
 Coexisten amalgamados tras las premisas falseadas de lo democrático, organizados para establecer un régimen mundial de tiranías ideologizadas de radicalismo en proporción a la inanidad de los países libres que toman como objetivos. Por eso asaltan pacíficamente, en tanto convenga el engaño de la paz, desde las raíces de la educación, las sociedades inadvertidas, siempre un paso adelante desde la alevosía para coartar las democracias indefensas.
Una estrategia de invasión nada casual y que surge del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla con la inestimable colaboración de cómplices pagados para destruir por método de implosión el Estado de Derecho. Son las pavesas del comunismo derrotado en el siglo XX que se reavivan  para incendiar el orbe.
El chiringuito mundial del Grupo de Puebla es una referencia para el socialcomunismo que ha impuesto con impunidad las mismas estrategias derivadas ahora en acciones penales contra Cristina Kichner y Pedro Castillo, detenido en Perú al intentar dar un auto golpe de Estado para perpetuarse en el poder.
Era momento de una contundente reacción frente a los males de la manipulación. La impunidad del sometimiento a los dictados del Grupo acaban de fallar estrepitosamente en Argentina y Perú. Los devaneos con la acción permanentemente delictiva han amagado durante un tiempo y  tomado el pulso sociopolítico, con el fin de tantear hasta qué punto las sociedades peruanas y argentinas estaban socavadas institucionalmente como para perpetrar el fin último del neocomunismo mundial: propagarlo por el mundo, disimulado con el orden democrático y la corrupción uniformemente generalizada, de tal modo que cualquier resistencia sea anatematizada como enemigo de las libertades del pueblo.
Así los discursos incendiarios desde los púlpitos de la mentira no han librado de la acción penal contra los corruptos que pueden significar la caída de las fichas de dominó con las que el Foro de Sao Paulo ha jugado mediante una planificación de cariz totalitario para subyugar América del Sur e Hispanoamérica, plantando semillas de discordia en España en alianza con el socialismo radical de Pedro Sánchez.
Un tiro por la culata en el intento de bolivarizar naciones que, aún controlando su dignidad institucional, han plantado cara frente a la corrupción y el golpismo demostrando que aunque el virus comunista es dañino y parece ganar batallas, el balance de la ingeniería política puede desequilibrarse con la tenaz resistencia frente al embate delictivo de los precursores de dictaduras al modo chavista.

Estas derrotas pueden suponer un ejemplo para los bolivarianos que atacan España desde el partido podemita financiado por narcodictaduras, pagados para intoxicar todos los organismos e instituciones, debilitar las defensas del Estado y desgastar la Jefatura del Estado como principal bastión de garantías constitucionales con el objetivo de imponer una república que facilite los condicionantes que al otro lado del charco implantan como en España.
El golpe de estado del forajido Sánchez,  la demonización de los jueces y de la Oposición, la náusea legislativa favoreciendo a criminales no son fruto de un devenir espontáneo sino una proyección de las estrategias conjuntas para sojuzgar Occidente bajo un yugo global.
Sánchez es un traidor que en otro país sería detenido a bayoneta calada, pero a diferencia de Perú o Argentina, aquí el partido del poder es unívoca corrupción y los magistrados están amenazados por una espada de Damocles que ha politizado la Justicia.
Son siembras de cizaña que acabarán volviéndose en contra de los sembradores. Pese a todo, España resistirá las embestidas surgidas de las tóxicas aulas de la Complutense en connivencia con narcodictaduras, las que pagaron por bolivarizarla.
Pedro Sánchez, el traidor, se montó al carro.
Ignacio Fernández Candela ( El Vorreo de España )