Frente al hombre y la mujer se abren dos caminos, la crueldad y la indiferencia. Todo hace suponer que tomarán el segundo, que no habrá ni explicaciones ni ruptura, sino que seguirán alejándose el uno de la otra […] que volverá una masa de vicios abolidos y una praxis científica reemplazará el espasmo y la maldición de la pareja.

Emil Cioran, 1952

Esta especie de profecía del gran pesimista rumano Cioran, realizada hace muchas décadas, empieza a parecerse espantosamente al camino que está tomando nuestra sociedad.

En la guerra sin cuartel en curso contra el hombre y el padre, hace ya unos años los apólogos de la degeneración lograron una importante victoria: el que mujeres solas, o parejas de lesbianas, pudieran utilizar técnicas de reproducción asistida eliminando la necesidad de una figura masculina.

Una eliminación que tiene lugar de mil otras maneras. El padre en particular lleva decenios siendo expulsado de la familia; por la legislación canalla y los tribunales canalla feministas, por una cultura canalla antipaterna y antimasculina, que el hombre y la mujer medios de hoy tienen metida en la cabeza, inyectada durante largo tiempo con una posología bien estudiada por los envenenadores de las mentes.

No me extenderé aquí en el bien que supone, para el niño, la presencia de figuras masculinas y femeninas en su desarrollo; es una simple verdad biológica y antropológica, que expone inmediatamente como un capricho, propio de adultos egoístas y frívolos, la práctica de hacer crecer niños desde un principio y deliberadamente sin una figura paterna o materna.

Como aberrante es la reivindicación de este inexistente “derecho” a la paternidad cuando lo único que existe es el derecho del niño a crecer de manera sana dentro de la dialéctica entre lo masculino y lo femenino.

Pero nos vamos a olvidar de esto en lo que sigue, para centrarnos en el discurso de la irrelevancia del padre. De la no-necesidad-del-hombre que de mil maneras nos meten en la cabeza y nos sugieren a través de una corriente de mensajes continua.

Quien preste atención a las cosas estará bastante harto de leer reportajes o artículos donde se nos machaca con que los varones son o serán inútiles, prescindibles. Estudios científicos deformados por la lectura feminista, o directamente calificables como mierda disfrazada de ciencia, nos informan de que tal especie animal puede reproducirse sin machos, de que el futuro es femenino y los hombres no servirán gracias a la reproducción asistida. Etcétera.

Entremos por un momento en sueños húmedos de ciencia ficción feminista, en una sociedad hipotética de sólo mujeres reproducidas artificialmente. Como es fácil imaginar, inmediatamente después de que se apagara el último hombre empezarían a saltarse al cuello unas a otras como fieras, sin tener siquiera la posibilidad victimista de culpar al género masculino de sus males y de su fracaso vital.

Pero volviendo a la realidad, una primera corrección de perspectiva se impone en la cuestión de si el hombre es necesario o no. Y es que ¿A mí qué cojones me importa -con perdón- el que unas locas fracasadas piensen que el varón es irrelevante o innecesario?

De hecho, aunque lo pensaran no sólo esas cuatro anormales sino la mayoría de las mujeres, valdría la misma pregunta: la misma declaración de irrelevancia del varón y la paternidad debe ser rechazada por el receptor (el varón) como irrelevante.

Sin duda existe una fuerte corriente feminista radical que quiere exactamente esto, prescindir totalmente de los hombres. Probablemente la mayoría de las mujeres no comparten estas posiciones.

Sin embargo, considerando la insistencia en estos discursos y la falta o escasez de voces femeninas que los rebatan, es necesario preguntarse hasta qué punto estas actitudes son propias solamente de una minoría de exaltadas y lisiadas de la existencia; o si al contrario tienen más difusión de lo que creemos en el mundo femenino, quizá en formas “suavizadas” y sin tomarlas al pie de la letra. Dejaremos la cuestión abierta.

Considerando todo lo anterior, se impone una primera corrección mental que debe hacer el hombre hoy, frente a la inundación de basura que vierten continuamente en nuestras cabezas. Y es la siguiente: que el valor y la posición de los hombres en este mundo no se mide de ninguna manera con el metro de lo que es útil para las mujeres. Menos aún con lo que pocas anormales y fracasadas de la feminidad consideran que es útil para ellas

Pero vayamos aún más allá para internarnos en territorio deleznable. Y es que, llevados al terreno de la negación de la biología y la naturaleza, el entusiasmo biotecnológico de las exaltadas está completamente fuera de lugar.

En efecto, si las técnicas de reproducción asistida actuales pueden convertir en inútil y superfluo al hombre y al padre, en un próximo futuro convertirán en inútiles y superfluas también las mujeres y las madres.

Mujer, eres inútil; madre, eres superflua porque una máquina va a hacer lo mismo que haces tú. ¿Escucharemos estas frases dentro de unas décadas? el útero totalmente artificial está a la vuelta de la esquina; veinte, treinta, cuarenta años.

Y también: si es posible clonar una mujer o mezclar el genoma de dos mujeres eliminando la necesidad del elemento masculino, antes o después los hombres tendrán la misma posibilidad de eliminar el elemento femenino. Desafío a cualquiera a afirmar que estas cosas no serán nunca posibles.

Ciertamente es verdad que los hombres sanos de mente no tienen hoy la pretensión malsana de hacer crecer hijos suyos privados de una madre. Pero es fácil imaginar un varón en un futuro próximo que está harto, asqueado de sentirse decir que el padre y el hombre se han vuelto inútiles, que se puede prescindir de ellos. En cierto momento este hombre decide en plena libertad criar un hijo, sin tener una mujer que le toque las narices, le expulse de su casa y de su familia con una denuncia falsa, le amargue la vida y le arruine.

Y que nadie se atreva a decirle que el niño tiene necesidad de la madre, del útero de carne y de la relación física con la madre. Porque una vez que se ha negado un valor normativo a la reproducción natural, a lo que nuestra naturaleza biológica establece, a la polaridad entre lo masculino y lo femenino, todo es legítimo.

Si no es necesaria la presencia de ambas figuras en el desarrollo del niño y por tanto no es necesario el padre, tampoco será necesaria la madre ni el útero femenino de carne y sangre. Si se niega el papel del padre en la formación del niño, la respuesta es negar el monopolio femenino en la reproducción humana.

Sin embargo ¿Es realmente esto lo que queremos? ¿Queremos esta situación de enemistad permanente, esta animosidad a flor de piel entre hombres y mujeres? ¿Esta separación y falta de comunicación entre las personas, estos egoísmos pequeños y miserables? En una palabra ¿Tenía razón Cioran? ¿Es que alguien querría vivir y hacer crecer a sus hijos en un mundo así?

Probablemente sí. Los que están detrás de las subvenciones multimillonarias al movimiento feminista, con todo su lobby cultural y el enorme entramado paramafioso de intereses constituidos que vive de ello. Pero el núcleo de la cuestión, su sentido real, no son los intereses económicos sino la voluntad (que forma parte de un proyecto) de enemistar a hombres y mujeres, una guerra en la que no puede haber vencedores y todos salimos perdiendo.

Esta intención que existe y es deliberada caracteriza como criminales a los financiadores y lobistas de la guerra de sexos y el feminismo internacional, auténtica lacra y cáncer de la civilización.

Max Romano ( El Correo de España )