Al fin he descubierto la fórmula secreta del Dr. Sánchez: gobierna como autor, director e interprete de un gigantesco teatro, con las instituciones como decorado, los partidos como actores y los españoles como público, a los que va narrando su versión del acontecer diario, como un relato excitante y conmovedor, lleno de intriga y sobresaltos, con final rosa, pese a las vicisitudes ocurridas, que él salva como un Amadís de Gauda o un vaquero solitario, para desvanecerse en el horizonte hasta la próxima, el domingo antes del telediario.

El parentesco con la realidad es remoto, pero lo cuenta con tanta firmeza y persuasión que uno se lo traga. Aunque a la larga, aburre.

Ningún ejemplo mejor que su anuncio de otro estado de alarma, sin mencionar que el primero se debió a haber permitido manifestaciones multitudinarias en las que el maldito virus hace su agosto. Tampoco dijo que si necesita declarar otra alarma se debe a que la desescalada del primero fue demasiado rápida visto el desastre económico que estaba causando.

Y lo que ya no se le pasó por la cabeza fue recordar que había dado por vencido al Covid-19. Sin mover un músculo de la cara. Todo un actorazo,

Aunque lo que más me ha impresionado fue su explicación de la mecánica de lo que va a tenernos confinados, al menos durante la noche en los próximos nueve meses. Un decreto del Consejo de Ministros prohíbe las salidas de casa entra las 11 de la noche y las 6 de la mañana excepto que se tengan razones muy fundadas para hacerlo.

Aunque se funda en que son las horas de más contagio, robusteciendo la leyenda de que la noche es para el jolgorio y el día para el trabajo, conviene advertir que precisamente en el trabajo y el estudio ocurren las mayores aglomeraciones, y por tanto hay más contagio.

Pero lo más curioso y significativo del caso es que nuestro presidente, tras haber dado la orden, se desentiende de ella y deja a las autonomías su aplicación. «Los gobiernos autonómicos se encargarán de fijar las restricciones de movilidad y concurrencia de público» dijo.

Las protestas de ese público irán también contra aquéllos. Como el capitán Araña que embarcaba a la gente y él se quedaba en tierra, Pedro Sánchez escurre otra vez el bulto. En realidad, tras su pinta, nos ha mostrado más de una vez que tiene miedo.

Así no se hacen las cosas en el puesto que ocupa, donde se necesita valor para tomar las decisiones duras que desgraciadamente hay que tomar a menudo. Y tengo la impresión de que su segundo estado de alarma va a salirle aún peor que el primero. Aunque peor aún es que lo pagaremos nosotros.

Pero ésa es otra historia. ¿O es la de siempre?

José María Carrascal ( ABC )