EL GUETO

Madrid Central, también conocido como el cogollo o la almendra, puede pasar a la posteridad convertido en el gueto. No se puede comparar con la ratonera de Varsovia, donde confinaban a los judíos hasta que se pudrían o eran trasladados a los campos de exterminio. El gueto de Varsovia llegó tener medio millón de personas, aunque el hambre y las enfermedades lo dejaron sensiblemente mermado.

Tengo grabada en la memoria la imagen en su recreación cinematográfica. Un gueto de paredes húmedas y herrumbrosas, con las cloacas rebosando y los portales mugrientos. También el sonido de las botas de los soldados golpeando con rabia los adoquines. La imagen del gueto en blanco y negro se la debemos a Spielberg (La lista de Schindler), que consiguió por ese procedimiento las mayores cotas de dramatismo.

En el gueto de Carmena -salvando las distancias, por supuesto-, la carga metafórica también contagia encerrona. Suena a recinto amurallado provisto de puentes levadizos y ruido de cerrojos. Lo que hasta ahora era el núcleo duro (Huertas y el barrio de las Letras) ahora es un gueto de considerables dimensiones que limita al sur con Atocha, con la Castellana por el Este y al Norte con los bulevares. Ahí se cierra la almendra.

Las nuevas normas de circulación entrarán en vigor el día 1 de diciembre, con el permiso de la autoridad competente y aunque el tiempo quiera impedirlo. La libre circulación será un privilegio al que solo tendrán acceso los propietarios de vehículos antes llamados ecológicos, es decir, con cero emisiones. Las medidas adoptadas actuarán con carácter disuasorio. Si las grandes ciudades europeas lo han hecho, nosotros no vamos a ser menos.

El gueto ha entrado en mi vida y ya no hay vuelta atrás. Cuando bajo a la ciudad siempre voy al gueto, especialmente si es de noche. Si no fuera porque me interpretarán mal diría que es un gueto oscuro con lucecitas de colores. Ahí están mis barrios (Justicia, Chueca, Malasaña), mis calles preferidas (Argensola, Orellana) mis restaurantes (Fismuler, Raro Rare)

Estos días, ante el carmenazo que viene, intento que me ayuden a sobrevivir. Me veo haciendo amigos que me puedan garantizar la permanencia en el barrio, pues cada residente censado tendrá derecho a 20 invitaciones al mes. Si por esa vía no obtengo resultados, habrá que esperar a las próximas elecciones municipales, a ver si cambiando el voto cambian los guetos y se da la vuelta a la tortilla.

Carmen Rigalt ( El Mundo )