EL HÉROE DE WATERLOO

El contacto que tengo en Waterloo me cuenta que Carlos Puigdemont ,al despertarse de una de sus ensoñaciones,  pensó en nombrar a su caballo Cónsul de Cataluña, pero uno de sus sirvientes y catadores de comida le enseño una foto de Quim Torra  y le demostró que ya lo había hecho.

Mi confidente, que está allí infiltrado sin que nadie sospeche de él, se libró de tener que probar unos chocolates que hace unos días le ofreció  el No Honorable ex Presidente, que anda emparanoiao  con que los agentes  del Centro Nacional de Inteligencia lo quieren envenenar con Lady Govida  o Côte d’or , pero otro escolta  con mayor sentido patriótico dio un paso al frente para asumir ese riesgo y después de enviarle mensaje por whatsApp a su familia despidiéndose y firmando visca Catalunya lliure , lo ingirió.

Ese sucedido me trae a la memoria el caso de unas monjas de clausura en cuyo convento entraron unos ladrones para robar,  y de paso uno de ellos dijo que no estaría mal echarle unos polvos a las más jóvenes. Al llegar la policía para hacer el atestado una de ellas no pareaba de decir que las querían envenenar.

Si hay algo que le agradezco a los independentistas catalanes es su afición a hacer el ridículo, no solo con las vestimentas con las que adornan su estrambótico comportar,  sino también por la aportación que están haciendo al futuro de la psiquiatría en nuestro país,  porque en pocos años se escribirán tratados sobre la confluencia de la estupidez y la locura, que es una nueva materia a investigar, ya que tradicionalmente los locos de manual tienen un  cierto rasgo genialoide,  y nunca son vulgares.

Cada día me convenzo más de que no existe ningún motivo político para la preocupación a causa de la pretensión independentista en Cataluña. Es cierto que desde un punto de vista social sí es preocupante  porque los locos del lazo son sectarios, y a veces violentos, pero sus jefes carecen de cualquier virtud que les permita ser tomados en serio.

Diego Armario